"YO ME HAGO TRANSGRESIÓN A MÍ MISMA", SOBRE LA ENTREVISTA DE RENATA TREITEL A SUSANA THÉNON, POR MARIANA PALOMINO - La Primera Vértebra
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«YO ME HAGO TRANSGRESIÓN A MÍ MISMA», SOBRE LA ENTREVISTA DE RENATA TREITEL A SUSANA THÉNON, POR MARIANA PALOMINO

«YO ME HAGO TRANSGRESIÓN A MÍ MISMA», SOBRE LA ENTREVISTA DE RENATA TREITEL A SUSANA THÉNON, POR MARIANA PALOMINO

¿En qué otro espacio hablan los muertos?

María Inés Aldaburu*

 

En 1983, después de intensos meses de trabajo en la traducción de distancias al inglés, Renata Treitel entrevistó a Susana Thénon. El archivo de audio digital lleva en su nombre la huella de su origen analógico: “Lado A”. Empieza a sonar y escucho, por primera vez, la voz de Thénon. La escucho conversar, reír. Una encarnación en los oídos. Leer este registro escrito de dos voces es también un modo de asomarse imaginariamente a ese encuentro, zambullirse en otras formas de la lengua, en otros ritmos.

La riqueza de este diálogo se nutre de otros que lo precedieron, orales, escritos, cultivados por años, en un vínculo de confianza y escucha. En su dinámica, se dan dos movimientos: cuando traductora y poeta nadan más hondo, hasta sus concepciones del arte, de dios, de la libertad, las distancias se ensanchan; cuando hacen un descubrimiento, se crean puentes impensados, que ahora llegan hasta acá.

A partir de las preguntas e interpretaciones de Treitel, Thénon da cuenta de los principios y búsquedas que articulan su propia poética. Algunas de estas apreciaciones sobre su obra y especialmente sobre distancias han sido publicadas en las cartas incluidas en el tomo II de La morada imposible, como aquella definición de lo que hace en distancias: “estoy estirando el lenguaje, rompiéndolo y llevando al máximo todas las posibilidades que me pueda ofrecer el español” y, al mismo tiempo, “reflejando un estado de cosas”. Otras son una novedad.

 

Con toda el alma

En la entrevista, Thénon describe distancias como un libro donde reina el caos, cuyo único hilo conductor es la rueda del comienzo y del final, su carácter circular. Un infierno donde las cosas suceden de repente: “Ahí hay un camino cerrado, lleno de peripecias, lleno de aventuras”, donde en vez de Dante está don Quijote con los molinos de viento, “de golpe reaccionando con toda el alma y de golpe riéndose también”. Un libro como un lugar de exploraciones, recorridos, rebeliones y resignación. Sin embargo, reconoce que “en el fondo de esas peripecias lo que hay es un silencio absoluto y un grito desesperado por algo”. Y cuando dice esto, su voz se vuelve grave y es difícil no imaginar un gesto de la cabeza, una hondura en la mirada.

La primera parte del poemario es “un tour por el infierno”, donde uno va “tanteando ese terreno en el que vive y en el que está”. Un infierno fraguado con música y vacío, a lo largo de 14 años (entre el 67 y el 81), en contextos políticos y sociales diversos –algunos extremadamente macabros–, plagado de cesuras, de silencios como agujeros o suspensiones. Turismo por el infierno, con una ironía capaz de construir imágenes inquietantes, desoladoras, imposibles. Resuena acá Rimbaud pero también, como una premonición, los museos de la memoria, lugares ásperos, erigidos en los bordes de lo posible, como intentos de resignificación del espacio y del tiempo.

La condición de posibilidad de esta nueva poética, además de la enorme libertad que ella misma se otorgó y defendió como creadora, se debe también al contexto, a las “quebraduras” del mundo: “Nosotros vivimos de salto en salto, de infierno en infierno y nunca terminamos de poder hacer nada”, dice en octubre de 1983.

 

Un salto en la sintaxis

A la imagen de la lectora o el lector como arquitecto de esta poesía, que puede “construir y demoler” a partir de los materiales que ofrece Thénon, Treitel propone la imagen del acróbata, evocando las Elegías de Duino de Rilke –que Thénon tradujo y recuerda “muy bien”–. El carácter espacial de esta poética tiene una impronta escénica, y en el espacio del poema, en sus distancias, quien lee no puede sino desconectarse del lugar conocido, esperado, y conectar de otra forma las frases, las palabras, los morfemas. Pasar “de golpe” de un verso a otro, en busca de concordancias dislocadas, de sentidos que estallan y se aglutinan. Practicar, si fuera posible, una sintaxis vertical.

El salto, así como la idea de lugar, son figuras recurrentes, que aparecen en boca de ambas y que, en sus muchas significaciones, sintetizan el movimiento de distancias. Una poesía que surge “de golpe y espontáneamente”, un corte en la poética de Thénon, una nueva forma de escribir. Los blancos entre las palabras, dentro de los versos de distancias, los silencios que acercan y alejan, abisman, pero abren también el poema a otras voces, situaciones y personajes. Un movimiento provocado por una incomodidad, “para que el lector salte también”, dice Thénon, “pincharlo” para que no se acomode demasiado en la silla.

Este movimiento está presente también en la técnica, en las acrobacias (¿las peripecias?) a las que Thénon expone el lenguaje en la construcción de sus distancias, el trabajo sobre la sintaxis, los blancos, las reescrituras, los diversos órdenes que le dio al libro, los años contenidos en estos poemas capaces de alojar lo abrupto. Un libro donde resuena lo ausente y la demolición se convierte en una forma de construcción de sentido.

 

Permiso para ser libres

De las rupturas de la sintaxis y las transgresiones gramaticales a la desolación, la poética de Thénon avanza en lo inexplorado, en lo real. “Aparentemente, nos han dado permiso para ser libres”, dice acerca de su poesía política, que leyó “en voz alta” cuando sintió que “era necesario hacerlo”: “unos poemas terribles que se refieren a realidades muy nuestras”.

Si en esos momentos la poeta dice querer “hablarle a todo el mundo”, en otros su traductora le señala las dificultades que plantea la poética espinosa de distancias. Treitel, que no oculta su fascinación, busca una y otra vez encaminar los sentidos, estabilizarlos de alguna manera, darles una calma que no tienen. Hacerlos, incluso, “más alegres”. Pero no hay en esta poesía significados estables, “no hay nada que se pueda decir ‘esto es así’”, dice Thénon, “y es a propósito”.

A lo largo de la charla, las concepciones de Treitel del “arte como ordenamiento”, de que “la poesía tiene que comunicar”, así como ante sus cuestionamientos acerca de “por qué escribir de esta manera”, y un casi lamento de que su poesía sea “tan angustiada”, Thénon no sólo acepta las interpretaciones de su traductora (“no tengo más remedio, no puedo decir ‘no, eso no es’”), sino que responde con humor y una coherencia extrema: “Yo admito que pueda no ser arte lo que hago”, “no te olvides de que soy totalmente incoherente”, “Yo me hago transgresión a mí misma también, claro”.

La transgresión es en su poética un principio ético y constructor, fruto de un deseo tenaz de exploración, de una búsqueda de habitar otro lugar, de conectar con otra cosa, de dar lugar a lo inesperado, a lo que era impensable antes de, efectivamente, dar el salto: hacia otro género (gramatical y sexual, como ha señalado Ana María Barrenechea), en la voz de un personaje que al nombrar se duplica, entre dos voces distantes, o hacia una sintaxis rota que crea otra estética. Saltar (indica la RAE) “del latín saltāre ‘danzar, bailar’”. Gracia, técnica y arrojo de la bailarina en el aire. Las fotos de Iris en vuelo.

 

Inclasificables

La lectura de distancias es exigente, Thénon: “no te da todo servido, no te mastica la comida, te la da a masticar a vos y que ya te arregles”, como afirma ella misma acerca de la poesía de Oliverio Girondo, el “gran poeta”, el irrepetible creador de materia, sonora y conceptual. Y el único nombre que surge cuando dice no haberse encontrado antecedentes en la tradición.

Sin embargo, además de Girondo –que está “primero, segundo y tercero”–, menciona a otras y otros solitarios con quienes parece tener una profunda afinidad, como Amelia Biagioni (“para mí, la gran poesía pasa por ella”, “está sola”, “no la podés encasillar”) o Góngora: “una especie de Girondo barroco” cuyo traslado “crudo” de la estructura sintáctica latina al español fue “una revolución”, aunque “no se ganó muchos amigos con sus poemas”.

 

Una sensación de verdad

Entre las declaraciones de principios que hace Thénon en esta entrevista, hay una que podría resumirse así: es en el interior (o en las cercanías, los aledaños) de las personas donde reside la verdadera creación. En los talleres literarios, dice, “les enseñan a imitar a otros poetas. En vez de sacarles la creatividad de adentro y hacerlos escribir como son ellos, los hacen escribir como son otros”.

Esta misma idea aparece espacializada cuando habla de Iris Scaccheri como una revelación que esperó por años, y que finalmente descubrió a la vuelta de su casa, “como El pájaro azul” (la obra de Maeterlink en la que dos hermanos atraviesan extraños territorios en busca del pájaro azul de la felicidad, hasta que, al final de sus aventuras, lo encuentran en su propia casa). La sintonía entre ambas es tan precisa (preciosa) que también a ellas les resulta sorprendente. En un programa de mano de 1965, la bailarina proponía: “tendríamos que volvernos hacia adentro de nosotros mismos y dejar que nuestro ser se interrogue y se responda, y se vuelque en mundos que si bien son parte de nuestra realidad, no siempre entran en el registro de nuestra conciencia”**.

La originalidad y la profundidad de Scaccheri la inspiraron a tal punto que, de una forma “un poco misteriosa”, la bailarina le dio “el espaldarazo final para terminar el libro”. Thénon, que la vio bailar y la fotografió profusa, intensamente a través del visor de la cámara, dice sentirse “abierta” por su danza: “vos tenés una sensación de verdad en lo que estás viendo. De que no hay recursos… Y la técnica, que la domina a la perfección, no te la exhibe como si fuera una artista circense”.

Las dos trabajan con un espacio escénico, construyen y alteran el teatro del mundo, recorren la rueda de la fortuna de Carmina Burana, cada una a su forma, y usan la técnica para hacer saltar el sentido. Cuando Thénon le explica a Treitel que el último espectáculo de Scaccheri es sobre “los personajes que va viviendo un espectador que está en un palco”, que “de golpe” se convierte en Sigfrido o en una mujer que baila tango, parece estar refiriéndose a las voces y personajes de su propia poesía, a sus desdoblamientos, a los hermafroditas que hablan en distancias. Desde el escenario de la página, las voces y los géneros se desdoblan, los personajes transmigran en lectores, el registro de la voz ausente resuena vivo en el oído.

Leer es también escuchar, parece decirnos Thénon, dejarse llevar por la música de la poesía. Imaginar su voz a partir del registro escrito de su conversación.

Notas:

*“El 48”, en C. Banegas, M. I. Aldaburu, I. Pelicori, C. Schvartz y L. Herrero, Caligrafía de la voz, Buenos Aires, Leviatán, 2007.

**“Iris Saccheri”, reseña del equipo de trabajo del Archivo Histórico Artístico del Teatro Argentino de La Plata publicada en Da capo. Desde el principio. Archivo Histórico Artístico, disponible en:  https://dacapoteatroargentino.wordpress.com/2018/06/14/iris-scaccheri/

NOTA BIOGRÁFICA

Susana Thénon. Nació en 1937 en Buenos Aires, ciudad en la que viviría hasta su fallecimiento en 1990. Fue poeta, fotógrafa y traductora. Publicó en vida los siguientes libros de poesía «Edad sin tregua» (1958), «Habitante de la nada» (1959), «De lugares extraños» (1967), «distancias» (1984) y «Ova completa» (1987). En fotografía, los dossiers: «Rilke: palabra e imagen» (1979), «Acerca de Iris Scaccheri» (1988). En 2001 y 2004 respectivamente, la editorial Corregidor publicó en Buenos Aires «La morada imposible», antología de los libros que Thénon publicó en vida y una gran cantidad de poemas inéditos, fotografías, textos críticos y reseñas. Dicho trabajo estuvo a cargo de María Negroni y Ana María Barrenechea, amigas de la poeta quienes quedaron a cargo de sus manuscritos. Recientemente, hacia fines de abril de este año, Corregidor vuelve a enlazarse con la obra de Thénon con «Paraíso de nadie», libro que recoge series de poemas y dos poemarios inéditos a la fecha, textos en prosa y traducciones.

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