UNA POETA DE LOS SENTIDOS: ANDREA CABEL POR DIANA LOBO - La Primera Vértebra
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UNA POETA DE LOS SENTIDOS: ANDREA CABEL POR DIANA LOBO

UNA POETA DE LOS SENTIDOS: ANDREA CABEL POR DIANA LOBO

FOTO PORTADA: TONY ROBLES Y DIANA LOBO 

El vínculo entre la sinestesia y el arte es indudable. En la literatura, Marcel Proust fue de esos autores capaces de develar la relación metafórica y también metafísica entre los sentidos y la profundidad de la memoria. Rememorar implica traer de regreso los momentos a partir de lo sentido, sea a través del sabor de la magdalena o en éxtasis del sonido.

La poesía de Andrea Cabel es una exponente de esa fuerte conexión. Sus poemas son experiencias de la sinestesia poética, una condición capaz de evocar sensaciones a partir de la palabra, permitiendo transmutar la potencia del sonido, la intensidad de los colores y los sabores en una experiencia.

El poeta y crítico literario Ricardo González Vigil, dice que su poesía es lo más cercano a la estela del expresionismo. Cierto es que sus versos recurren a atribuir sensaciones, especialmente la gustativa, a la variedad de objetos, lugares y personas que habitan ese pequeño universo de bitácoras íntimas que componen la memoria.

¿Cómo se percibe la ausencia? ¿Qué sentidos y qué palabras encuentra su poesía para hacerla presente? Desde el sentido del gusto como sucede en el poema The Manza Tibia code en el cual hace coincidir el sabor de “los postres dulces” con el dolor de “las constelaciones heridas”; hasta la paleta de imágenes y texturas que nos evoca la nostalgia de la pérdida: “Ver que el sol en el minuto siete u ocho de la tarde se hace rojo, se hace naranja”.

Su poesía transforma lo cotidiano re significando lo vivido con el amargor o la acidez de los momentos del duelo. Cabel es una poeta de los sentidos que nos trae de regreso lo perdido evocándolo en el sabor de “lo ácido”, la “miel ácida”, “la cocina, la comida, la sangre, la forma de llorar, ácida”. Ese encuentro con el pasado cubierto de sabores para nombrar el dolor, tal vez, porque las palabras sin esa relación sensorial se vuelven insuficientes.

Este poemario se constituye como una memoria fragmentada, algo posible, si tomamos en cuenta que todo intento de remembranza es factible cuando se juntan las piezas escindidas, las esquirlas de los momentos vividos. Sus versos como fragmentos son: espejismo, retrato, encuentro con el padre, el duelo de lo perdido y por último, la ensoñación en y por la escritura, única vía posible para reparar los vacíos del recuerdo.

La artista conceptual argentina Marie Orensanz refiere en su manifiesto Fragmentismo escrito en 1978 que lo incompleto es una constante de su trabajo artístico, porque para ella “todos somos un fragmento de un todo: a la vez fragmentado de un pasado y de un futuro”.

En los poemas de Cabel sugiere esa fragmentación de la memoria en versos en los que enumera momentos con cierto aire de ensoñación, algo que de todas maneras siempre hará parte de la re construcción del pasado:

éramos una guerra de espejos,
(…) las luces en el abandono de la noche, buscando los pozos de
los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes,
el paraíso.

Su voz poética siempre parece dirigida a una voz desconocida que a modo del Apóstofre, interpela a un interlocutor que en el caso de su poesía aparece omitido pero que remite al amor pasado:
Tus tendones y mis nervios, arpegios escogidos para
unirse
Y cantar dolorosas sentencias, dolorosas
despedidas”

Es llamativo también, el diálogo constante de algunos de los poemas con el epígrafe que los acompaña. La expansión del poema que conversa con otras voces e incrementa el sentido de sus versos, ¿Acaso no es la literatura una extensa conversación con el pasado? ¿No es la poesía una forma de (re)vivir los instantes de la vida y al mismo tiempo los instantes de la palabra? Sus poemas reconocen en ese diálogo que no han venido solos al mundo, el poema
“Ángela» tiene como epígrafe un verso de Juarroz en el que denota cierta imposibilidad para decir y nombrar la ausencia: «La palabra es el único pájaro/ que puede ser igual a su ausencia».

Sin embargo, la única vía posible para retornar sobre lo perdido es el recuerdo y la palabra. En su poema Três da Madrugada on Andy’s Warhol bridge se presenta como esa antítesis desafortunada, ya que la palabra en un acto de reminiscencia se permite nombrar lo que ya no está y es como si en ese mismo acto pudiera hacerla vívida otra vez:

“(…) hoy copié tres libros enteros
Tres libros del ancho de un arroz e intensos como tu recuerdo.
Los copié esperando la eternidad: tu cuerpo en el sillón verde, tus pies vestidos de colores, o tus manos comiendo galletas
Copié sin parar y no apareciste en ningún lugar
ni aun tu sonrisa apareció
Ni aun tu cuerpo cuando contenías al mundo”
Los últimos versos del poema declaran la paradoja misma del hacer del poeta, porque nombrar la falta en el acto mismo de escribir no es otra cosa que vaciar “este cuerpo que me ocupa”. El poeta puede sobrevivir solo a partir de sus versos por efecto de una metamorfosis producida dentro de su propio texto, única morada posible para unir las piezas rotas y la grieta de lo que ya existe.
Finalmente, su obra podría definirse como la poética de la memoria como el lugar en el que confluye el pasado y el presente buscando ese equilibrio solo posible en y por el lenguaje:
Yo hubiera querido ser una ventana
o una letra escribiendo tu nombre en cualquier pared.
Hubiera querido ser tantas cosas, Y solo fui
esta palidez inexplicable.

El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
y yo tuve vergüenza de la mía.
R. Juarroz

 

Palpito tal vez en un cadáver. Me trago la verdad y soy apenas un sonido, me dijiste un día cuando mi rostro era una espina.
Entonces ampliaste tus brazos hacia el vacío,
y lanzaste tu cuerpo.
Tu caída larga como una habitación abandonada.
La velocidad cayendo contra la tristeza y la memoria,
perdiste tu nombre entonces,
y fuiste un puñado de cabellos, unas uñas, un aullido.
Entonces te miro: Papá tiene el rostro de un animal herido, tiene la boca cosida y una sonrisa clavada en puntos largos y constelaciones caudalosas.

Papá contiene en sus manos la madera que enmarca al mundo,
la que transforma en escalera de ébano, redonda y perfecta como un poema.
Sus recuerdos tienen la forma de tortugas y peces, de ríos y mujeres que nacen rodeados de muros, y mueren despacio,
como mis nervios mojados.
Y otra vez el silencio estalla, y lo nombro tiempo de pupilas abiertas, respiración de un ojo con lágrimas, caída libre de una pluma hacia la eternidad brillante. Tiempo, tiempo frente a la dureza de una vértebra blanca como el papel que se rellena frente a la muerte; tiempo, frente a un espiral amaneciendo en la bruma. Ya no son los rostros compuestos de fibra y lenguaje.
Es la miel o la oscuridad,
el hombre rebotando contra los puntos
cardinales de su vida
y soledad.

ÁNGELA

 

 

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.
R. Juarroz

mi sangre,
de ojos grandes
de mirada hacia el cielo.

mi sangre,

de ojos

alta fugaz marea
vértigo en las sumas
santa materia dolida
angustiado verbo
golpe de vértice opaco,

hermana,

breve cavidad de grito
nueve meses rompiendo tejidos
tan triste

furiosa,
cayendo
con la sonrisa oscura
con los ojos idos
con el cielo empinando despedidas,
hermana
hermana

EN BREVE CÁRCEL

 

 

 

 

 

Muera lo que deba morir; lo que me callo.
Antonio Gamoneda

Invades el camino,
De punta a punta,

Como una rueda
Y tu nombre mastica una espera
Sentada
Sobre el lomo de un erizo,
Con la mirada en la puerta,
Con tus carencias latiéndote en los ojos
Con tu esperanza en un nombre de estómago amplio

Y mi necesidad de salir del borde del suelo
Para olvidar tu abandono para acariciar por dentro
Esta voluntad donde pende una línea
Como una boca que se abre frente a la voz de un animal que llora.

Te encuentro entre grandes voces semejantes a la mía
Estirando los muros con latas rellenas de piedras
Cubiertas de frutas secas
dulces como el rostro de una anciana
dulces como la mordida de una tormenta
el camino bordeado de plantas de sed, de rostros muertos,
Mírame, llena de puertas cerradas
cubierta de una infancia mal curada

mírame frágil

sabiendo de mi tiempo como una habitación rota
comoun colchón sumiso al tiempo
a un cuerpo solitario
nadando entre rabia
y pudor
nadando
austero

inválido.

CURRAHEE

 

 

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.

THE MANZA TIBIA CODE

 

 

 

 

 

INCLINADA y sin cualidades, mi espalda te agradece
Se encorva y disuelve todo el control del universo:
Tus tendones y mis nervios, arpegios escogidos para unirse
Y cantar dolorosas sentencias, dolorosas despedidas,
dolorosas bienvenidas
A mi también me duele toda esa belleza
La del lunar de Carmen en tu pierna derecha
La de la forma de tus orejas cuando no encajan en la rutina

La de la mirada dios que no tiene piedad conmigo, ni contigo,
ni con ellos.

Sentarnos sería bueno, entonces.
Colocar un banco y una silla, dejar al gato sentarse también.
Sentarnos sin aspiraciones de postres dulces
o de constelaciones heridas
Solo abrir un sobre amarillo y colocarlo en agua tibia
Y dejar que el azúcar se vaya.
Sentarnos para que la tarde caiga despacio
sin hacer demasiado ruido

Y contar los aretes en una oreja, o en otra
Y darle nombres a nuestra relación: estrella, luna, noche, infierno, paraíso, nostalgia, bipolaridad, taquicardia, incendio, toxica receta de galletas de nuez, darle nombres
Y buscar palabras, y buscar relleno en una empanada
Llenar los formularios mientras silbamos
Ver que el sol en el minuto siete u ocho de la tarde se hace rojo,
se hace naranja
Cogernos las pestañas y morder fuertemente nuestra lengua
No decir lo prohibido
No decir sin azúcar, no tan caliente, no tan llena
Dejar que la taza sea una taza y que las palabras sean eso, nada más.

Dejar morir, dejar todos estos cuadernos, todas estas rayas que suben y bajan, dejar la decepción y la agonía, dejar de lado el carnaval de la mentira, dejar las botellas sin alcohol porque las dos, las dos tenemos el mismo diagnóstico: the manza code at six.
Y no soñar demasiado esta vez.
Dejar ir a la mujer que señala la cometa, o a la otra que se borró la cara, que borró todas sus señales, para no soñar demasiado y para mantener todavía estos discos que aunque abiertos, aun la sostienen.

TRÊS DA MADRUGADA ON ANDY’S WARHOL BRIDGE

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy copié tres libros enteros.
Tres libros del ancho de un arroz e intensos como tu recuerdo.
Los copié esperando la eternidad: tu cuerpo en el sillón verde,
tus pies vestidos de colores,
o tus manos comiendo galletas,
Copié sin parar y no apareciste en ningún lugar,
ni aun tu sonrisa apareció
Ni aun tu cuerpo cuando contenías al mundo
Y me contradecías y me derrumbabas en esa página o en la otra.
He copiado más, unas tras otras, más páginas, imitándote en el mismo lugar,
Y he intentado cantar en otro idioma sobre el puente que nos llevaba a la casa del león
A la casa altísima de las nubes metálicas
¿Recuerdas las nubes que flotaban alargadas sobre la fuente?
¿Recuerdas el arco iris entre los chispazos de agua del Punto?
Te he buscado en la casa de Andy, donde el pensamiento parece música
Donde hay todavía imágenes nuestras grabadas en una que otra cámara

He ido a recoger una visión que me encienda,
y he dejado el silencio amontonado en el suelo
Borrando el camino de regreso
Borrando el principio y el final,
Borrándolo todo para quedarme ahí, en la sala de las nubes, acorralada por el león,
Mirando las fotos de los gatos dibujados que le hubieran gustado a Gracia, mirando como estiras tus piernas en el extenso sofá purpura mientras muerdes un pan con queso.
Todo el día de hoy es madrugada: mi sangre, el tiempo, la forma como pesa tu ausencia,
mi boca desollada interrumpiendo el poema que escribo.
Todo el día de hoy es madrugada y mientras logre ver reflejos en el río, mientras logre recoger este aprendizaje, podré vaciar este cuerpo que me ocupa.

POSTRE DE LIMÓN

 

 

 

 

Debajo de tus manos todo adquiría forma
La mirada de una flecha
La temperatura de una cocina amarilla
La mesa con bancos para gatos
El hombre que comía mazamorras mientras se reía
Y tú que volvías al día siguiente bajo la forma de un dulce relleno de fresa, o guanábana
O como mochi cubierto de miel.
Mi corazón coloca mantequilla en el molde
Se desprende para entrar al horno
Se recuesta entre el azúcar y la harina,

Mi corazón ácido amarillo y ácido
Encerrado en la noche, en tu sonrisa o en la mía, encerrado,
Atado en dos caras
Atado como un ave sin brazos para amasar, sin ojos
para medir las yemas y los huevos
de la espuma que crece
dulce como tu sonrisa, como tu mirada a las seis de la tarde
como tu caligrafía en un pilot de cero punto cinco
como el espacio tibio en la cama que dejas ácido, que dejas muerto
que dejas verde, como la cartuchera en tu bolso negro.
mi hija ha muerto, y solo pienso en sus manos
cuando alzadas nadaban celebrando una vida, la mía, la suya,
una sola.

mi hija ha muerto, y solo veo el postre ácido
la miel ácida
la cocina, la comida, la sangre, la forma de llorar,
ácida.

LYRICA 500 mg.

 

 

 

 

Era un día de tantas lyricas,
uno con luces en el cielo y sonidos comiéndose al mar
Yo hubiera querido ser una ventana
o una letra escribiendo tu nombre en cualquier pared.
Hubiera querido ser tantas cosas,
Y solo fui esta palidez inexplicable

Este supuesto vientre sosteniendo el tendón de tu dedo meñique
Esta supuesta llamada a media noche esperando tus dientes callados.
Mientras no estás, las casas en Craig se llenan de copos morados de papel,
Copos que miran tus botas rojas
Tus botas rotas pisando el frío
pisando el día que amanece al otro año
con velas y maullidos dispersos, con papeles impresos que dicen cualquier cosa.

-Tu boca y tu nariz: espacios intersectándose imprecisamente-

Quería darte la sombra de este objeto

La boca de este ojo que estalla,

el cielo de este animal que te ha buscado
que se ha peinado con saliva
y que soñando con algún silbido
ha cruzado esa pista gigante, sin luz, esta pista que lleva al fin del mundo,
por donde las setentayunos as y ces, desprenden su pulpa para quemar un sueño

LA CIVILIZACIÓN DE LOS NIÑOS CRECIDOS

 

 

 

 

 

 

 

Mi padre colecciona cartas ajenas. Correspondencias de gente muerta.
Lee párrafos que no son suyos y los agrupa como si fueran versos galopantes de estrellas, praderas inmensas de cristal roto. Mi padre: esta mala noticia que no espera. Este dolor de dientes que olvidan. Cuántas veces los dígitos de tus manos fueron espinas en la niñez de cualquier hombre caído. Como los árboles de mi cuerpo cuando cantan un abismo, papá, pensando en el nombre que destila un voraz martirio. Nos han dejado solos. Como lagartijas en caída libre tras un trueno. Nos han dejado solos, desgraciadamente, solos.
Aunque eras tú la imagen de esos minutos que caían por la ventana, y que parecían humo junto a la lluvia en algún país deshabitado. Respirabas entonces con media aorta cosida. Sin mentiras, papá,
es testigo un sorbo de agua,
un rumor oscuro.

HOWARD IN WATERWORKS

 

 

 

 

La piel del departamento se deshoja
Cae como juguetes sobre las manos de alguien que no sabe jugar.
El terreno se desliza, se apoya en el aire,
Y me enciendo y me apago, como una bomba o un sueño
Seis bolsas de ropa, cables, plásticos para las ventanas, seis bolsas con cosas nuestras que no cambian como cambiamos nosotras
Entre la lluvia y la muerte he vendido nuestras cosas,
vendí por ejemplo, nuestras conexiones a distancia,
y nuestros platos. Vendí también mi escritorio, donde me sentaba a dibujar el azar, vendí el sofá que no conociste y el aire de la enredadera que sembré en mi cabeza.
Conservo zapatillas que nunca has visto, capaces de correr hasta donde tu nombre no existe, conservo poesía vertical, horizontal, poesía que se adapta al movimiento del agua en la pileta del punto
del punto aquel que intersecta nuestros tres ríos.
He subido en el rojo setentaycinco para buscar peces y monedas. He subido para vender y comprar todas las cosas que eran nuestras y ahora son de nadie. He subido, y no has estado en ninguna parada, te he buscado en otros idiomas y he arañado la fuente, el agua, he visto como un oso proyecta la sombra del día en una metáfora mal escrita. Y he olvidado todas tus frases, toda tu luz encendida cuando abres el cielo frente a Waterworks.
He olvidado la forma aérea de tu cuerpo cuando me abandonas,
Y comienzo a morder la distancia de esta palabra suspendida
y el futuro de mis ojos que se cierran.

TU HABITACIÓN EN PUEBLO LIBRE

 

 

 

 

 

 

Como la última luz de esta hebra que nace de mi mano abierta,
Recuerdo tu espacio,
Con sus puertas abiertas y cerradas
Con carteles de letras furiosas
Con una red y una espada,
con un balón que mata la ausencia de una paloma retozando
Como la voz de una ambulancia que socorre la madrugada
Recuerdo las células de tu rostro cuando tenías frío,
Cuando tocabas las paredes con la punta de tus manos,
Esperando los maullidos o una letra ambizurda provocándote algo,
Algo, una mirada, un silencio.
Un beso de vaca en medio de las flores y del sol, algo.
Encuéntrame ahora, en ese espacio donde guardas agua,
donde guardas maletas y viajes, donde me guardas en alguna pared, en algún olvido

Mírame a lo lejos como yo te miro desde este lugar en el que me visto como tu

En el que coso mis dientes, mis ojos y camino en equilibrio
Como lo haces tú entre tus dos curvas.
Ese reino de tus dos ojos inmensos que gotean
Esa bóveda que busca crecer en otra parte,
esa herida que no alcanza a ver su fondo, y que se adelgaza
Y que rasguña y germina,
Esa es tu caja, dentro de mil otras cajas.
Tu caja fuerte,
Esa es tu habitación morada en pueblo libre.
Ese es el lugar donde puedo oler el sabor dulce de tu alma.

NOTA BIOGRÁFICA

Andrea Cabel. Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos. Ha obtenido las becas a la investigación: Provost Humanities Fellowship, Andrew Mellon Fellowship, Arts and Science Fellowship y dos becas de trabajo de campo para desarrollar sus proyectos en la Amazonía peruana otorgadas por el Centro de Estudios Latinoamericanos (CLAS) de la Universidad de Pittsburgh. Es miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Antonio Cornejo Polar. Ha dado conferencias de literatura peruana y en Hofstra University, Stony Brook University, University of Michigan, Pontificia Universidad Católica del Perú y en diversos congresos y ferias internacionales del libro.

Ha escrito artículos académicos publicados en diversas revistas de investigación nacionales e internacionales. Actualmente trabaja en dos proyectos. En el primero, investiga los mecanismos de autorrepresentación y de memoria desarrollados por la comunidad nativa kukama – kukamiria en el contexto de los últimos derrames de petróleo acaecidos en su territorio. Es a partir de documentales, canciones y narraciones orales que Radio Ucamara –nuestro caso de estudio– denuncia y crea un discurso contrahegemónico complejo y único. De otro lado, estudia el rol de lideresas amazónicas en ONAMIAP, una organización altamente politizada y alternativa que permite reentender conceptos como la territorialidad, el poder y la sujeción.

Actualmente, ejerce la docencia en la Universidad de Lima y en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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