KARINA LERMAN ENTREVISTA A ROXANA MOLINELLI - La Primera Vértebra
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KARINA LERMAN ENTREVISTA A ROXANA MOLINELLI

KARINA LERMAN ENTREVISTA A ROXANA MOLINELLI

Les acercamos junto a Roxana Molinelli un corpus dialógico que indaga las nuevas y potenciales territorialidades en juego.

Molinelli, socióloga, docente con formación en acompañamiento terapéutico, creativo  y poeta, recorre el cuerpo, singular y político cuestionando cánones, las prefiguraciones del binarismo. Nos plantea el tránsito del ser particular y social en todos los ámbitos (incluso el literario) sin perder de vista los procesos históricos y de generización. La relación entre sistemas formales y performáticos. Estos son algunos de los temas sobre los que charlamos a lo largo de la entrevista.

En principio, me permito presentar a la entrevistada: Roxana Molinelli, una mujer muy joven para el caudal de actividades realizadas a la fecha. Socióloga y docente con formación en acompañamiento terapéutico y terapias creativas, escritora del género poesía. Considerando estos múltiples despliegues, se me ocurre comenzar preguntándote ¿cómo fue tu formación y cuál la aproximación a esta variedad de universos?

 

Por otro lado, ¿qué aspectos o resonancias en común comparten dichas actividades; desde la experiencia misma es ello posible, cómo? Contanos.

 

Gracias! No sé si es positivo o negativo esa pluralidad, je. Pero pienso justamente en la formación, tal vez, como esa palabra que nombrás: despliegue. O también, podrá ser exploración, experiencia, como prácticas cognitivas, emocionales, corporales, praxis, que van armando trayectorias, historias, habilidades que hacen labor, trabajo, sea remunerado o no remunerado, que nos acompañan entre tantas otras dimensiones que tenemos como personas y que podemos adquirir, aprehender, en diferentes escenarios y contextos. Uno es el académico, pero hay infinitos; como sabemos,  la vida misma es aprendizaje constante si se está en apertura para recibirla.

Me hiciste pensar en el problema de la lógica del otro del Uno, centrípeta, reificante frente a habitar la pluralidad. ¿Cuántas identidades nos constituyen devenir? ¿Cómo nos posicionamos, jugamos, expresamos desde nuestra inscripción en cada una?

Por otra parte, sabés que hablando de eso, por mi pata de socióloga, trabajo hace varios años en temas de empleo y formación y orientación profesional. Desde esa lente no puedo dejar de pensar también sobre la cuestión central acerca de que preguntarnos quiénes somos, qué deseamos y  acceder a la formación que más nos cuaje en ese proyecto de vida, es un derecho. Aunque en nuestros contextos, a veces, se torna privilegio.

Por eso está bueno que los títulos académicos no se conviertan en signo de status que contribuyen a reproducir desigualdades. Impronta excluyente muy fuerte en generaciones anteriores a la nuestra y, creo que también, actualmente. Me parece que las titulaciones, más allá de los parámetros legales habilitantes  para ciertos roles profesionales que son necesarios y legítimos,  debieran hacer referencia a algún tránsito hecho, a un abanico de conocimiento y habilidades a sostener y profundizar en un movimiento deseado. Eso es muy diferente a constituirse como marcas de status, ¿no?

Esto no supone para nada denegar la función de la educación formal en la inclusión, integración  y para la movilidad social de personas y grupos sociales. Es central generar políticas integrales que promuevan y garanticen el acceso y sostenimiento de los trayectos educativos en el marco de los proyectos de vida. Pero también, tal vez, sea igual de necesaria la potenciación y aceptación de otros tránsitos y espacios formativos, desde otros paradigmas, dentro, entre y fuera de los sistemas oficiales.

 

Habiendo sido Marzo el mes ligado a las expresiones de la mujer, traigo al recuerdo a una de las primeras activistas sociales: Harriet Martineau, liberal, educadora en las perspectivas de género y salud entre otras tantas labores, quien reivindicaba a la educación como cuestión necesaria para el “bien- estar individual y general”. ¿Cómo creés que este proceso tiene lugar en los tiempos actuales desde tus propias enseñanzas y experiencias? ¿Qué se está pudiendo lograr y qué no?, aquí te invito a que nos menciones las diferencias entre estos universos y que operan a modo de obstáculo.

 

Sí, acuerdo con la admirable amorosa Harriet Martineau, entendiendo a la educación no como una transmisión en el seno de las grandes instituciones modernas (familias, escuela, universidad) para lograr individuos adaptados y acríticos, sino en un sentido de auto-inter-entre conocimiento singular, grupal y colectivo, podría decirse, como proceso adaptativo, sí, pero también creativo y transformador. Promover y apoyar espacios de educación, intercambio, reflexión, desde epistemes situadas, en contexto, orientadas al bienestar, al bien vivir, es central. Actualmente, me parece muy interesante y esperanzador a pesar de todo, entre tantos despliegues, lo que se hace desde el enfoque de nuevas masculinidades. Fundamental generar procesos de-constructivos, informativos, transformativos, en las vincularidades de los varones de diferentes edades y sectores sociales.

Esta cuarta ola de los feminismos y las disidencias está logrando muchísimo, al menos en Occidente. Aunque sin intención de simplificar o idealizar procesos complejísimos, soy optimista en eso. Tantos temas por siglos tapados, reprimidos. Cuánto guardado, tanto dolor e injusticia, que van encontrando formas de liberarse y ser, de nombrarse y constituirse en derechos, que aunque en principio cuesten ejercerse, son la base indispensable de contención hacia otros posibles.

Ah, y Occidente digo, porque es necesario no dejar de poner en perspectiva la pluralidad casi inabarcable de culturas y especies que hay en el mundo, ¿no?  Incluso dentro de lo que llamamos Occidente, en cada ciudad, en la ruralidad, entre comunidades y grupos… Existen miles de idiomas, lenguajes, religiones, prácticas, racionalidades. Y además, desde ya que a la Tierra la constituye no sólo nuestra especie humana… No perder de vista a la colonialidad, el eurocentrismo, androcentrismo, antropocentrismo, y a cualquier centrismo,  continúa siendo fundamental después de varios siglos de sometimiento a todo aquello que no respondiera al Hombre con mayúscula – blanco, propietario, heterosexual, letrado, pater familias- como modelo de sujeto humano Universal.

Como explica Rita Segato, entre otras pensadoras -hay infinitas posiciones teóricas y discusiones, pero adhiero mucho a su perspectiva- el género instituye, ancestral y nodalmente, la dinámica permanente entre status y contrato que está presente en las sociedades humanas. Y en ese sentido, la dualidad del género se encuentra en la mayoría de las culturas documentadas del planeta como un factor principal de organización social. Sin embargo, nuestro sistema de género, y de humanidad, han sido y son de una bipolaridad, de un binarismo, rigidizante, jerarquizante, opresivo y excluyente frente a otras configuraciones humanas que ya habían  logrado otros posibles, aunque todavía patriarcales, con distribuciones más justas, abiertas y vitalistas entre los géneros.

Frente a esto, en nuestro tiempo, la ética de derechos humanos emergente en el siglo XX, los procesos de ciudadanía que hoy vemos con fuerza también respecto al cuidado de la naturaleza y de otras especies, parece una de las respuestas más logradas en cuanto plataforma de acción singular, social y política que nos de un piso y un horizonte de consenso y posibilidades, ¿no?

Es un momento de transformación muy intensa la Cuarta Ola. El mar se duerme y despierta cada ciclo con lo suyo, cada ciclo toca otro fondo dentro del fondo, uno que no veíamos todavía, al menos me da esa impresión…

 

Te propongo que nos compartas algún pensamiento actual a partir de esta práctica de género que vas investigando y propiciando. Y en este sentido preguntarte si te considerás una activista, feminista o desde qué modalidad te interesa abrir un diálogo personal y social teniendo en cuenta, claro, las prácticas cotidianas de lo micro-político?

 

Quizás esta pregunta me invita a volver sobre el tema del peligro de la esencialización y cristalización de las identidades y roles… Como a tantas compañeras, amigas, conocidas y desconocidas, me gusta más definirme desde los intercambios singulares y el encuentro con otras personas humanas y no humanas. En la escucha, en el reconocimiento, en la producción de saberes y sentidos  en diferentes ámbitos. En una dimensión más micro-política, tal vez, como decís. Confluyente, poética, no dogmática, en lo posible. Una modalidad que va horadando malas y viejas fijaciones a partir de la oportunidad de generar un encuentro sintiente reflexivo en cualquier espacio, cuando la situación lo habilita. Tratar de no reproducir violencias, promover la conversación, el discernimiento en un clima de afecto y respeto, evitar las posiciones que tienden a la cancelación de lo que difiere. Abrirnos hacia esa transformación de las tramas vinculares, en la familia, en el trabajo, en la escuela, en la facultad, en el barrio, entre las grietas de los sistemas. Habilitar alguna perspectiva otra nos trasciende en esta inmanencia, ya es un montón,¿no? Se pueden hacer aportes de mil maneras.

Como dice Natalia Leiderman en un poema dedicado a su abuela, en el cual recupera para abrir el diálogo a la tradición femenina, doméstica y cotidiana, de tejer: “A veces la rebelión consiste/ en corromper tu tejido/ regalándote lanas de otros/ colores/ No hay rosa/ ni celeste/ ni blanco, sabes?…”

Aunque también me defino desde mi hacer profesional, quizás ahí va mi mayor y humilde  aporte. No es fácil trabajar las cuestiones de género en instituciones, más desde las políticas estatales, las cuales representan un factor esencial teniendo en cuenta que el Estado es el actor al que le corresponde garantizar derechos…

Igualmente, admiro mucho y es fundamental el protagonismo de quienes asumen el activismo político democrático como praxis central en sus vidas y lo hacen desde la convicción de la necesidad de una transformación colectiva que supere las drásticas desigualdades e injusticias que nos atraviesan, que generan movimientos, espacios, institucionalidades diversas y hacen red. Son imprescindibles esas conformaciones de apoyo, pensamiento, acción y demanda,  para el acceso y ejercicio de derechos, para la vida en general en nuestras sociedades.

Micro, meso y macro política, unas y las otras, simultánea y recíprocamente..

 

Nombraste recién al dogmatismo y, alguna vez, has dicho que puede haber cierto “oportunismo” con los temas de género y feminismos. ¿Cómo se apropia, siendo que sos escritora, el mercado literario de estos temas? ¿En qué ámbitos o prácticas ves o sentís con mayor preponderancia la reproducción de la práctica patriarcal y consumista, ese fetichismo y su vínculo con la bino-política?

 

Guau qué pregunta… Creo que cada eje llevaría un seminario, ¿no? Bueno, tratando de aportar algún comentario en esas líneas de indagación, eh, sí, cuando te comentaba lo del oportunismo que pasa en muchos ámbitos, está de más decir, no solo en las temáticas de género,  me refería sobre todo a los espacios de mayor concentración de poder. Eso es visible creo, para todas, como hay un sistema desvitalizante orientado exclusivamente a generar consumidores, como bien referencias patriarcal, fetichista y consumista, que arroja a un vertiginosidad como medio maníaca, ¿no? … Esa recta ascendente agitada, alienada, hiperproductiva que a veces se combina con el zigzagueo, atrapado, espasmódico, en búsqueda de recursos ante la escasez en los cuales quienes integramos sectores socio-económicamente medios y bajos nos vemos muchas veces empujados.

 

Y, ¿cómo se apropia el mercado literario?

 

Creo que hay de todo, en distintas formas y grados. Pero sí, son esas producciones que lavan, cristalizan y empaquetan en unos pocos sentidos una riqueza enorme, un campo de significaciones múltiples, con el solo fin de vender ¿Nada nuevo, no? Pero tampoco me gustaría recaer en una crítica  intelectualoide y clasista, desde mi autocentramiento y pertenencia a ciertos mundos de humanidades y ciencias sociales formados en estudios de género… Capaz algún producto u obra que nos puede parecer forzada y limitante, a otra persona le abre una ventana, la inspira, le permite decir por primera vez… Porque todo es en contexto y tiene contradicciones…

Respecto al dogmatismo es un riesgo sí, creo, para cualquier despliegue transformativo, consciente, con perspectiva vitalista, emancipativa y agenciante. Quizás va de la mano con el punitivismo, tan en debate hoy en los feminismos y teorías de género. El dogmatismo cierra y reifica sentidos, pide acatamiento, se sustenta de fondo en una pulsión o instinto de castigo, como sabemos.

Lo veo y lo siento en diferentes ámbitos… En el Estado, en los movimientos, en las corporaciones sindicales y empresariales… Quizás, en aquellas formas organizativas que tienden a lo concentracionario, que tienen el potencial de ser grandes reproductoras de mecanismos y tecnologías patriarcales de extracción y dominación para unos pocos. También lo veo reproduciéndose funcionalmente a éstos en la mesa familiar, en el grupo de amigos, en nuestros soliloquios…

 

Sobre esta resonancia te invito a agregar alguna deriva, “ni hombre ni mujer: cuál modus vivendi”. ¿Qué te gustaría decirnos sobre la transición de género en esa potencialidad de transmigración?

 

Que todo lo que exista pueda expresarse, definirse, ser, en el encuentro con otras/os/es. En cualquier plano, material, álmico, espiritual, singular, social. Desustancializar.

Derivo navegando en la reflexión. Pienso, desde las corrientes en las cuales nado, con las cual me identifico más, que las masculinidades y las feminidades como identidades -cuyo punto básico de definición posible se sitúa en la forma anatómica externa de los genitales de machos y hembras-, como expresión simbólica del ser hacer en el mundo, han estado presentes en la mayoría de las comunidades y culturas. El tema es cómo afecta y se expresa esa configuración a la organización singular-social, ¿no? Sí reprime a otras identidades como a las transitividades, si supone un sólo tipo de expresión masculina y femenina y una sola forma sexo afectiva, circunscrita en la heteronormatividad, si sirve para cercenar en unos roles y lugares muy precisos en el mundo del trabajo, para someter a un género frente a los otros, entra tantas cuestiones.

Por otra parte, tal vez desde mi punto de vista está bueno que esta complejidad tampoco solape el hecho de que, desde una dimensión biológica reproductiva, machos hembras e intersex somos, por lo menos desde la forma de conocer de la ciencia moderna. En mil años quién sabe hasta donde el cyborg-ser llegue y qué pasará con esas características anatómicas, fisiológicas, hormonales, etc. Pero es un tema denegar ciertos aspectos o sistemas en nuestros cuerpos que nos anteceden ¿no? y que nos constituyen de alguna manera. Además, desde una perspectiva de las desigualdades sociales, la diferencia sexual, simbolizada a partir de la forma anatómica externa de los genitales, sigue siendo un gran operador en la conformación de las segregaciones y exclusiones. Entonces, por ejemplo, licuar o minimizar la categoría mujeres puede ser un grave error cuando en el campo social esa identidad opera como factor estructurante en la configuración de las desigualdades, como señalan muchas autoras y pensadoras. Visibilizar cada identidad actuante entonces se vuelve nodal desde un enfoque de derechos en las políticas públicas.

No obstante, hombre y mujer son categorías histórico sociales y políticas, no se las puede des-contextualizar, deshistorizar, sustancializar, desde ya, ni hace falta decir que el determinismo biológico respecto a las identidades de género está ampliamente debatido y cuestionado. Por ejemplo, hoy existen más de 50 identidades de género registradas en disidencia con el sistema  de género hegemónico. También se manifiestan y liberan distintas expresiones de género, orientaciones sexuales, que ponen en jaque a la heteronormatividad.

Aunque, siguiendo el cuestionamiento de muchas pensadoras, vale preguntarse: si todo es normativización expresada en performances, tal como sugieren los desarrollos pioneros de Judith Butler, si no hay más que generización de las corporalidades, ¿por qué se repiten ciertos patrones comunes en las múltiples y diferentes culturas, contextos, situaciones?

Por ejemplo, como cuando ante la anomia de la guerra (que lamentablemente hoy asistimos, entre tantas otras similares, o menos tradicionales, más invisibilizadas por los medios de comunicación) se repite el acontecimiento de la violencia sexual, las violaciones y los femicidios perpetrados por masculinidades a mujeres, adolescentes y niñas e identidades feminizadas, esa expresión terrible de la economía de poder del género que vuelve y vuelve…

Quizás como dicen quienes saben,  la cuestión no sería oponer performance a estructuración, sino ver cómo se imbrican ambas dimensiones, cómo en y por los procesos de generización se conjugan los factores atávicos, de las sedimentaciones históricas, de los epifenómenos o arquetipos en devenir que también parecen constituirnos como especie, ¿no?

Me lleva a un poema tuyo en Las Hijas de Lot, el fragmento que dice:  Padre nuestro que estás/ (es la pausa mortal del signo)/ ¿cómo dejar de contemplar el envés del cielo?/ venga a nosotros tu reino/ a engendrar más luz/ en el ruego/ de los que lloran.

 

Finalmente, leyendo algunos párrafos de tus poemarios aparecen estos versos en esa deriva: “…la flor latente/en la distancia de las cosas?”, o “como augurios/titilantes/ en el aire”. ¿es posible cierto rasgo de libertad? ¿Cómo lo imaginás?

 

Sí, sin la libertad no somos y entonces algo va a impulsarnos a ser y a emanciparnos, ¿no? Una flor, una luciérnaga…

NOTA BIOGRÁFICA

Roxana Molinelli nació en Quilmes, Buenos Aires, Argentina. Tiene 38 años y vive en la Ciudad de Buenos Aires, junto a su compañero Diego. Es Licenciada en Sociología (UBA) y aspirante a Magíster en Género (FLACSO). Docente, Consultora. Compiló y prologó junto a Bárbara Alí la antología “Otros Colores para Nosotras – Poesía Contemporánea de Mujeres Argentinas” (Ediciones Continente, Argentina, 2018). Publicó los poemarios “las mañanas, el deshielo” (Sello Editorial el Ojo del Mármol, 2016) y “amuleto” (Kintsugi Editora, 2019).

Facilita prácticas grupales arte creativas.

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