CRÓNICAS DEL PROYECTO "MEMORIAS DESDE LO FEMENINO": "EN LA CÁRCEL SE DEBE ESTAR CON LOS OJOS ABIERTOS", POR MARIA LUISA ESPINOZA VILLAR - La Primera Vértebra
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CRÓNICAS DEL PROYECTO «MEMORIAS DESDE LO FEMENINO»: «EN LA CÁRCEL SE DEBE ESTAR CON LOS OJOS ABIERTOS», POR MARIA LUISA ESPINOZA VILLAR

CRÓNICAS DEL PROYECTO «MEMORIAS DESDE LO FEMENINO»: «EN LA CÁRCEL SE DEBE ESTAR CON LOS OJOS ABIERTOS», POR MARIA LUISA ESPINOZA VILLAR

Centro Penitenciario Virgen de Fátima

Lima, 13 de septiembre de 2019

Hay una mujer rubia que camina en círculos en el patio del pabellón D. Diecisiete mujeres nos reciben con los brazos abiertos. Nos llenan de besos y preguntan por la chica que las acompaña. Cecilia dice “Ella es Maria Luisa, es nuestra cronista”. Amy, una colombiana sentenciada por ser burrier, llega al patio con una peculiar sonrisa, sonrisa que nos acompañó a lo largo del taller. Ella trae el parlante para el laboratorio y sorprende al poner un mix de DJ Tavo “por error”. Angélica, una morena guapa, baila una impulsiva salsa de salón.

Minutos antes de empezar la sesión, el grupo está un poco disperso, pero Jenny se convierte en la alumna estrella a mantener en silencio. La directora Cecilia Rejtman plantea un ejercicio de confianza, deben estar en parejas, una debe estar con los ojos cerrados y debe ser guiada por otra compañera. Cuesta cerrar los ojos en el silencio, sobre todo, cuando en el patio del penal te pueden ver otras reclusas y las guardias.

¡Me dijo que confíe!—, dice Giovana, una de las talleristas que hasta el final del laboratorio demostró una incansable búsqueda de la verdad. En cada sesión pregunta por los apuntes de la crónica.

Cecilia les pide que abran los ojos y se sienten en círculo. Le muestra una bolsa con telas, listones y una bolsas blancas.

Van a caracterizar su yo-niña —, señala Cecilia.

Angélica se quita las sandalias y empeza a escoger las telas más vistosas: amarillo y celeste.

¡Una muñeca más fea. Giovana, hazme un moñito!—, dice Amy.

Las muñecas tenían, peinados elegantes, collares, pestañas, tiaras y trenzas.

Faltan tijeras y agujas para completar la muñeca. Para ingresar al penal, no puedes llevar objetos punzocortantes. Pero Amy quema el cabello de su muñeca con un encendedor.

Cecilia les pide buscar un lugar en el espacio para que hablen con su niña. La gran mayoría se sienta al rincón más callado del patio, cerca a la puerta de ingreso, alejadas de la bulla de las otras internas que no son parte del taller, pero las fastidian diciéndoles Annabelle o cantando la canción de Freddy Krueger.

Ningún espacio de encierro ni las voces mencionadas pueden impedir que esas niñas sean felices y que busquen estar en un lugar seguro.

En el encierro están presentes esas niñas. Hay una promesa con la que Cecilia cierra el taller: “Niña hermosa cuando te recuerde, volveré a ti”.

NOTA BIOGRÁFICA

Maria Luisa Espinoza Villar, (Lima, 1992). Bailarina y estudiante de periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Ha participado en diversas puestas en escenas y proyectos colectivos. Actualmente se desempeña como cronista en el Laboratorio/Montaje: Memorias desde lo femenino, proyecto social dirigido a mujeres de centros penitenciarios del Perú.

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