"MATRIMONIO", POR TERESA ORBEGOSO - La Primera Vértebra
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«MATRIMONIO», POR TERESA ORBEGOSO

«MATRIMONIO», POR TERESA ORBEGOSO

Nadie ha quedado fuera de la jaula

una cuerda tendida entre tu cuello y el mío

tensa la realidad

y los domésticos objetos

danzan sobre nuestras cabezas

un randon de lo que somos todos los días

una cuerda

un nudo dos

alguien intenta mover los pies

encima de la alfombra

limpiar nuestras palabras favoritas

pero una fotografía de hace cuatro años

nos muestra a la Teresa que se fue

no una diez veces

alguien mueve la cuerda

para hacernos caer

y recordar la línea imperfecta

dibujada por el cáncer

allí vive inseguro de todo

nuestro poema

el nudo de mi cuerda se multiplica

y casi llega a tocarte

una voluntad inexplicable

tan resistente como la pureza

la cuerda habla

tiene una voz delicada

para hacernos preguntas

mientras se retuerce y tiembla

nupcial

y nuestros cuerpos

han terminado doblados bajo la mesa

es la madera

son sus patas contundentes

las que quieren aplastar

nuestras vasijas rotas y extranjeras

a lo lejos

quizá puedan escuchar lo que dicen

porque nos hemos dado cuenta

que son muchas las cuerdas tendidas

entre hombres y mujeres

entre mujeres y mujeres

entre hombres y hombres

entre hombre y animal

y mujer y animal

y hombre y planta

y mujer y planta

entre no hombre y no mujer

y así el eco de las habitaciones

y las cosmogonías de las parejas

y las eras

el vestido blanco gira fantasmal

dentro de una esfera de vidrio

allí está el animal acompañándolo

otro vestido colgado del tendal

se ha mojado con la lluvia

y ha crecido dentro de él un herbario diminuto

los anillos llevan escrito en su interior

no es el que sostiene el que se pierde

los anillos arrojados por la alcantarilla

los anillos aprietan tu dedo anular

como los niños que llegaron

como los niños que nunca llegaron

el dolor sabe quedarse

una composición de la belleza

el matrimonio

otra más que nos enseña

a desnudarnos en parques

en autos en hoteles

frente a la naturaleza

sobre la Tierra

expandiéndose y explotando

entre los vestidos blancos y solitarios

los anillos apretados

y los niños que llegaron

y nunca llegaron

como en el principio

Y el hambre y el dolor

trabajan todos los días sin descanso

cocinan un alimento que redima ese trabajo

la voluntad y la ternura

saben que construyen con sus manos

un retablo con átomos blancos

bruma y flores de retama

el amanecer y lo siniestro

prenden la pira del precipicio

nadie sabrá cómo salir

de la cama que arrincona

la plenitud de nuestros miembros

huéspedes invernales hemos sido

prisioneros doblegados

deudores de la carne en su lucidez

adoradores de una relación

de tinieblas y espantos / de torpeza, náusea y serenidad

una ronda lenta hemos sido

un ejército con pesadas armas

una falsa multitud de dos y dos y dos

del que brota lo uno / tu nombre / mi nombre/ tu deseo / mi deseo / tu deseo y el mío

habrá que luchar en su placenta

habrá que luchar fuera de ella

marcharse de ese territorio viscoso

estirar los brazos quietos

bostezar unos segundos

mover las orejas

habrá que dejar de ser testigos amorosos (condescendientes)

habrá que romper el remolino

de la balanza perecedera

acariciar la sequía / la acequia / el manantial inagotable

de nuestros vientres /

cansados/ sagrados y suaves

habrá que ser interferencias frenéticas

para los cuerpos extraviados

de nuestras familias

habrá que desinflar sus cabezas

con amor

habrá que enseñarles a silbar

a sus otras bocas

a sus otros oídos

a sus otros sexos

aprenderán a danzar

ah, sí que aprenderán

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