LA POLITESSE ENNUYÉE DEL CONFINAMIENTO, POR CARLOS HENRICKSON - La Primera Vértebra
3160
post-template-default,single,single-post,postid-3160,single-format-standard,theme-bridge,bridge-core-1.0.4,qode-news-2.0.1,woocommerce-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,columns-3,qode-theme-ver-18.0.6,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.7,vc_responsive

LA POLITESSE ENNUYÉE DEL CONFINAMIENTO, POR CARLOS HENRICKSON

LA POLITESSE ENNUYÉE DEL CONFINAMIENTO, POR CARLOS HENRICKSON

Va casi un mes de cuarentena: cinco personas en collocation en el departamento, noveno piso (8ème étage), vista al sur desde la loggia (los edificios de la comuna de Venissieux, y más allá colinas y más allá Vienne). Cada uno de los cinco sale una vez por semana (aprox.) a comprar lo necesario, para disminuir el riesgo. En general, todo tranquilo, Lyon es ciudad de provincia, con más ancestro campesino que París o Marsella. Al menos en este barrio –le Grand Trou, el gran hoyo- nadie vive expectante de grandes acontecimientos (suficiente con ser el pasadizo de los franceses hacia sus guerras en Italia durante más de quinientos años…). Y el silencio… en Francia aman el silencio. Así, dicho en seco, no hay mucho que decir. La cuarentena ¿es el tedio, el hastío…? Más bien l’ennui, que por muy traducción literal, etimológicamente viene de ennuyer, del latín in odio esse: ser objeto de odio. En la Edad Media, ennuyer estaba cerca de atormentar, ofender, y después fue pasando a producir amargura, tristeza, repulsión. Hoy día es el tedio. Como en su idioma, en general Francia traduce atenuando la efusión emocional, haciéndola más gentil, en la rendant poli; bajo el tedio, bien abajo permanece el horror, el asco. No sé muy bien cómo será en París o en Marsella, pero acá parece haber sido así siempre: el país, el mundo siempre andaba mal, el gobierno apestaba y siempre apesta: y ante todo ese escándalo, bonjour, bonne journée, merci, je vous en prie…

+

A propósito de historia: LA peste -la bubónica- llegó a Lyon en 1347, y según la estadística histórica aproximada, en esa primera pasada se llevó a entre el 20% y el 30% de la población de la ciudad al otro mundo. Primera pasada, porque volvió una y otra vez… Desde el siglo XVI, el azote de la sífilis -por algo en España le llamaron el mal francés-, especialmente porque Lyon era el paso obligado de gran cantidad de tropas francesas durante las guerras en Italia… Todas las pestes e infecciones eran solidariamente compartidas entre los países del sur de Europa, y morían y morían de capitán a paje… Tuvimos hasta a Nostradamus en Lyon, aunque en su aspecto menos “místico”: como un médico experimentado, avanzado para su época y de una reputación de primera en todo el reino, publicando acá, en 1552 un tratado sobre guisos y confitures que fortalecían lo que hoy llamaríamos el sistema inmunológico. Era un buen momento para escribir este tratado. La peste bubónica estaba en plena “repasada” desde 1547, llevándose, de nuevo, a un tercio de la población de la ciudad.

Bueno, en Lyon hay dos ríos y siempre fue ciudad de frontera. ¿30% de muertos, terrible? La repasada de la mismísima peste bubónica de 1628 disminuyó la población desde 70.000 a 30.000 personas. La ciudad fue cerrada y aislada rigurosamente del resto del mundo durante dos años.

No es que uno se tenga que tranquilizar con todo esto, pero al menos uno tiende a mirar todo desde una perspectiva un poco más estoica, y hasta educativa. Al final de cuentas, la ciudad es pionera a nivel mundial en varias medidas administrativas relacionadas con urgencias sanitarias (y me refiero a medidas tomadas en el siglo XIV…) y acá se realizaron estudios fundamentales para saber más exactamente lo que es una peste (desde el siglo XV se debatía en términos científicos el tema con Parma o Montpellier, ante el escándalo de la muy teológica Sorbonne…).

Puede que la gente sea ignorante, pasiva y activamente -que el virus es inventado, que lo crea el 5G, que la naturaleza se está vengando, que dios, etc., etc.-, pero esta ciudad sabe. Así que este ennui poli no está tan mal para quien sepa leer la realidad de la humanidad desde el auge del capitalismo. Esta es una puesta en escena de algo que ha estado siempre. La civilización occidental-europea-capitalista puesta en sitcom, realidad mimada en caricatura. Y el resto es (era y será después de la COVID…) vanidad.

+

Asumo que es un asunto de perspectiva. Cada cual lo vive -y está obligado- a vivirlo y sufrirlo a su modo. En mi caso, la planificación del año era: hacer clases de español (a distancia), sacar un libro (para distribuirlo en formato electrónico y a distancia), aprender oficios informáticos (relacionados con la comunicación a distancia), hacerse exámenes médicos. Los exámenes: mejor imposible. Cuando llegó la cuarentena, todos los proyectos en marcha. Mi esposa y yo habíamos empezado ya a trabajar a distancia, así que en términos económicos estamos más o menos seguros (aunque cuesta hallar clientela para clases, porque la oferta ha subido, en fin; ya se imaginan). Y no hay carestía ni alza de precios en los alimentos básicos…

¿Es esto necesariamente lo mejor? ¿Cómo compaginar esto en un sentido moral?

Desde el noveno piso, bajo el horizonte abierto y despejado, está el tipo que se pasea por la calzada hablando con su manos libres durante dos horas cada día. Se le ve inquieto, algo en su vida está en una crisis total. Eso es lo que se ve, porque ¿dónde están las familias de inmigrantes africanos o del Maghreb, con muchos hijos y parientes ancianos, que no se han visto desde hace un mes? Ellos tienen, estadísticamente, menos aprendizaje digital, tienen menos espacio en sus departamentos acá, justo al frente, son sujetos de una eterna sospecha de todo lo malo de este país… ¿cuántos enfermos tienen? ¿Cómo se compone esto con el tipo que hace gimnasia en la terraza dos horas a la mañana, junto al jardín interior florecido, también al frente? ¿Con la gente que pasea perros escuchando música, las golondrinas?

Y ampliando el espacio, mirar a las burguesías de Latinoamérica, capaces de ser -increíblemente- más indolentes que las de acá, aplicando “cuarentenas” parciales, y esperando con calma paciencia el inevitable colapso TOTAL de las infraestructuras de salud de todo un continente…

Y ampliándose en el tiempo, casualmente empezando a leer al inicio de la urgencia sanitaria Guignol’s Band de Céline (médico epidemiólogo, en algún sentido como Nostradamus tres siglos antes), y su retrato de Londres en 1918, en ese mundo de miseria moral y económica, bajo la demencia de una guerra interminable, la gente buscando el calor de las salas de espera del hospital, hacinadas y compartiendo solidariamente a la abuela de nuestra COVID: la “gripe española” (228.000 muertos solo en las Islas Británicas, en solo UN AÑO).

Pareciera que me venía preparando para esta locura. La pandemia me susurra al oído que soy un privilegiado. Y no es por hacérmela más fácil. Dicho más filosóficamente, el problema en la salud física puede ser enorme, el problema en la salud mental muchísimo peor, pero en cuanto al problema MORAL: es inconmensurable. Quizás la sobrevivencia como sujeto moral va a dividir al mundo en dos, los que son capaces de ver el problema moral de frente, y los que se refugien en dios, el consumo de ficciones amables y todo el resto de nihilismos… Es casi tan cruel como la inevitable crueldad de las epidemias con los organismos más desprotegidos o con los mentalmente inestables: las consecuencias políticas y sociales serán desastrosas.

Entonces, ¿es que se entiende el ennui poli: bonjour, bonne journée, merci, je vous en prie…?

+

Así toda esta politesse al menos puede ser un remedio para algo: contra la emocionalidad inútil, por ejemplo, o contra el arte como redención (¿colectiva, quizás? Si ya no le da ni para redención personal…). Llevar más de 200 años asistiendo al derrumbe de toda certeza, y al ver el derrumbe de frente (en escena), ¿ponerse a patalear? Si es algo tan, tan profundamente humano e inevitable hacer gestos y patalear (aunque sea con alejandrinos y con fondo de violines), puede bien ser una pérdida de tiempo que basta con hacer al espejo.

Somos artistas, hacemos la vida más amable a otra gente, sabemos contar buenas y bellas mentiras (Platón tenía razón en eso, aunque de ahí a echarnos…). Cierta parte de la cabeza del humano moderno nos necesita y nos entiende. Eso es todo, y no es poco… Tenemos la capacidad de seguir haciendo lo de siempre, y es nuestro deber, si bien no tan necesario como el del zapatero o del tipo que mezcla bien el cemento en una construcción. Y para qué hablar cómo necesitamos ahora más científicos, fríamente aplicados y silenciosos…

Hay que ver la cosa en perspectiva: y estamos forzados a verla en nuestra perspectiva particular. Y esa es la mayor tristeza. Están empezando a fallecer conocidos por la COVID. Está cada vez más cerca, cada vez es más familiar. Y acá desde el 8ème étage en medio del Grand Trou, la primavera es bella, y hay muchos pájaros -¡golondrinas, cuervos!- y árboles en flor, y buena luz para instalarse en la loggia para escribir.

NOTA BIOGRÁFICA

Carlos Henrickson nació en Santiago el 31 de mayo de 1974. Escritor, traductor y ensayista. Ha publicado En tiempos como estos (cuentos; Valparaíso: Gobierno Regional de Valparaíso, 2002), An Old Blues Songbook (poemas; Santiago: Ed. del Temple, 2006), Despoblados (poemas; Santiago, Ed, Fuga, 2010), Esplendor (cuentos; Valparaíso: Narrativa Punto Aparte, 2011), 44 canciones realistas (poemas; Santiago: Pez Espiral, 2015), Lumbre y portazos. Ejercicios de estilo (plaquette de poemas; Valparaíso: Inubicalistas, 2018), Siete pagos (cuentos; Valparaíso: Narrativa Punto Aparte, 2019), La Conquista. Sección I del Libro de La Fundación (poemas; Lyon: Grand Trou, 2020); y como traductor: Historias del tiempo pasado, de Charles Perrault (Santiago: Das Kapital, 2013), Siete poemas, de Marina Tzvetáyeva (Santiago: Das Kapital, 2016) y A la producción (traducción de textos de constructivismo ruso, Viña del Mar: Ed. Catálogo, 2018). De pronta aparición: la traducción del poema Acerca de esto, de Vladímir Mayakovsky (por Ediciones Mundana, Viña del Mar). Tras residir en Valparaíso durante varios años, vive en Lyon (Francia).

En la actualidad, administra su proyecto editorial personal Ediciones Grand Trou, de carácter digital (https://grandtrou.blogspot.com/).

Comentarios

Deja Un Comentario