ENTREVISTA A LA COLECTIVA FEMINISTA SANGRÍA, POR LILIANA VELANDIA CALDERÓN - La Primera Vértebra
15307
post-template-default,single,single-post,postid-15307,single-format-standard,theme-bridge,bridge-core-1.0.4,qode-news-2.0.1,woocommerce-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,columns-3,qode-theme-ver-18.0.6,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.7,vc_responsive

ENTREVISTA A LA COLECTIVA FEMINISTA SANGRÍA, POR LILIANA VELANDIA CALDERÓN

ENTREVISTA A LA COLECTIVA FEMINISTA SANGRÍA, POR LILIANA VELANDIA CALDERÓN

Sangría es una colectiva abierta a mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y no binaries. Se postula contra la violencia machista en el ámbito de la palabra. Alicia Salinas, Laura Forni y Ayelén Rives, tres integrantes del grupo, nos contarán qué es lo que vienen haciendo, en qué están enfocadas y desde cuándo están trabajando, entre otras cuestiones.

  • ¿Dónde, cuándo y por qué surge Sangría?

Sangría nació en forma autoconvocada en diciembre de 2018 por medio de redes sociales. El disparador tuvo que ver principalmente con la pregunta acerca de la violencia de género y los micromachismos naturalizados en aquellos ámbitos cerrados y mundillos por donde nos movemos. Varias escritoras, poetas, periodistas y libreras empezamos a cuestionarnos acerca de este problema. Así se creó un grupo de Facebook que tuvo cerca de dos mil personas y un grupo de whatsapp que se desbordó inmediatamente.

Entre una cosa y otra, se convocó a una asamblea a la que le siguieron otras. Pero en el medio surgió el testimonio de una de las participantes, que no sólo había sufrido violencia por parte de un editor conocido, sino que tenía consigo otros testimonios que involucraban a este sujeto. En ese momento él estaba siendo jurado de los premios de la Bienal de Arte Joven, frente a lo cual esta chica mostró su rechazo en la asamblea. Esa acción puntual hizo que nos cuestionáramos sobre el problema y en marzo de 2019 enviamos una carta a la Bienal. Eso en alguna medida consolidó la colectiva.

Esto también tuvo su lado negativo, ya que el grupo se vio atravesado por un fuerte proceso de mediatización. Pero sí fue una gran experiencia inicial de empuje para contarnos todas estas vivencias, desde grupos pequeños a grandes, y empezar a cuestionarnos de fondo por qué naturalizábamos ciertas actitudes ligadas -sobre todo- al poder. Teniendo en cuenta que en muchos de estos mundillos se cree que si se es un buen escritor, un buen pintor, un buen artista, es menor su hacer en cuanto a violencias.

Pusimos sobre la mesa, por ejemplo, contextos en los que era absolutamente natural que una escritora, para poder llegar a editar, antes tenía que pasar por la cama del editor. De esa manera se visibilizaron prácticas de años atrás y se empezó a cuestionar por qué se seguían aceptando estas violencias mediante el silencio. (Laura Forni)

  • Una de las cosas que me interesa mucho de lo que vienes diciendo es esto del mundillo de los editores, y a fin de cuentas, de la violencia de género que existe en todo el mundo del libro. Es evidente que ha habido una visibilización de este problema, desde mujeres que han tenido que usar pseudónimos masculinos en adelante. Imagino que otra reivindicación es leer a escritoras. ¿Qué lecturas alimentan a Sangría?

Una de las principales motivaciones es dar lugar a aquellos que no tienen tanta visibilidad en los medios. Al principio nos unió la militancia, pero luego nos leímos entre nosotras y eso llevó a conocer muchas voces. Un importantísimo descubrimiento. Si tuviera que nombrar serían un montón de autoras y un conjunto de editoriales que trabajan con estas voces, como La mariposa y la iguana; Puntos suspensivos; La carretilla roja, una editorial pequeña de poesía que ha rescatado muchas voces jóvenes; el colectivo Malisia y la editorial Pixel en particular, que rescatan voces jóvenes y colecciones poéticas muy buenas.

La forma de escribir ha cambiado principalmente por el surgimiento de nuevas voces. Se me viene a la cabeza une autore que es Clau Bidegain y su libro Algo no funciona. Cicatrices del silencio, que es una serie de poemas en donde empieza a deshilvanar la situación de abuso que vivió en su infancia. Quiero decir que esto da posibilidades a muchas voces nuevas con experiencias que se plasman en la escritura y destapan cuestiones antes invisibilizadas. como lo es, por ejemplo, la escritura trans. Por otro lado también mencionar a la colección de poesía de Puntos Suspensivos, un proyecto trans y no binarie. Resaltar que editan voces de toda índole y no sólo jóvenes, teniendo en cuenta también que la figura de la mujer joven es puesta en escena como objetivo de marketing.

Mencionemos además dos libros: Uno es Martes Verde, que reúne poemas en torno a la discusión por el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina; y el otro es el libro Nuestra venganza es nuestra autonomía, de Ariel Luján, con quien el año pasado tuvimos una charla que nos permitió analizar nuestras prácticas, nuestra escucha, nuestro hacer feminista y transfeminista. (Laura Forni y Aye Rives)

 

  • Se nota un gran trabajo hacia dentro y fuera de la colectiva. Otro tema e la recepción en medios. Leí una nota en donde hablan de Sangría y de las campañas de visibilización de la violencia machista en el mundo de las letras titulada: “Una denuncia por violencia contra un editor reaviva el debate sobre qué es justicia para el feminismo”. ¿Ustedes cómo la reciben, cómo la vivieron al interior de la colectiva?

Sentimos que no hay una perspectiva de género en la manera de encarar el título de la nota. Lo que me llama la atención del título es que desvía completamente el debate. Distrae del foco de denuncia real referente a nuestra acción como colectiva, a las necesidades de organización por las cuales nos reunimos. A veces hay un uso del periodismo en cuanto a estos temas que un poco “nos embarra la cancha” en pos del amarillismo o de un título que venda, no colabora con el objetivo de comunicación que tiene la colectiva.

Cuando decimos que no hay perspectiva de género no se trata sólo de los periodistas en sí, se trata más de toda una cadena dentro de un medio de comunicación y más en medios masivos. Precisamente el reclamo tiene que ver con que haya periodistas y editores con perspectiva de género. Personas que tengan esa capacidad de detectar este tipo de cuestiones dentro de los medios. Porque por más que la nota tenga perspectiva de género, como fue el caso de la periodista que hizo esa nota, puede pasar por un editor que la cambie por completo con ese titular, dotándola de este mensaje amarillista y con puras intenciones de ganar lectores.

Está bueno por eso proponer otra clase de periodismo. Recomendamos portales como Feminacida o Cosecha Roja, que manejan un periodismo más crítico (Ayelén Rives y Laura Forni)

 

  • ¿Cómo las ha fortalecido participar en una colectiva como Sangría?

Sobre el pensamiento previo que teníamos se profundizó e indagó más en los últimos años. Nos fortaleció notar que este malestar no era solo mío. Y es que la violencia en sus diferentes niveles sigue existiendo. Es increíble pensar, por ejemplo, en la cantidad de femicidios que se están dando en cuarentena. Esos micromachismos que se subestiman son los que sirven de base para que se justifiquen actos de violencia de género o femicidios. Los diálogos continuos con Sangría y las acciones que llevamos a cabo nos fortalecieron mucho. En esa dirección se modificaron nuestras prácticas cotidianas en el mundo del libro.

El hecho de empezar a participar en una colectiva trae cosas que tienen que ver mucho con la praxis de la organización, de la escucha, de la puesta y toma de decisiones en común. Esto toma tiempo, es un proceso. Poder verlo desde adentro da la posibilidad de afectar las prácticas externas que cada una realiza.

Pertenecer a la colectiva permite también conocer y leer a muchas compañeras y autoras. Pero además a nivel de vivencia establecer un vínculo, porque cuando nosotras decimos sororidad, parece una palabra hasta difícil de pronunciar y quizás una categoría teórica. Pero poder transitar esta experiencia de construir colectivamente un conocimiento y una sensibilidad siempre es transformador. Poder salir de lo más propio, de lo más singular, de lo más subjetivo que es la aspiración del artista, y reconocer que más allá del oficio nosotras pertenecemos a una grupalidad. Hay algo que es del orden de lo común y cuando podemos reconocer esa dimensión comunitaria empezamos a percibir las situaciones de otra manera. (Laura Forni, Ayelén Rives y Alicia Salinas)

 

  • ¿Cómo imbricamos esta nueva mirada con el trabajo literario? ¿Qué esperan ustedes del mundo literario? ¿Cómo cambia el ambiente literario desde la colectividad?

Nosotras y nosotres somos parte del mundo literario y nos estamos organizando para pensar todas estas cosas. Para avanzar en el proceso dirigido a un horizonte que erradique la violencia machista y la caída del patriarcado. Hacemos acciones todos los días, nos conectamos con otras organizaciones y colectivas. Estamos entonces transitando pasos hacia ese horizonte y, en ese movimiento, nos empezamos a plantear cosas que antes mirábamos como naturales pero hoy reconocemos como una expresión de violencia. ¿Qué hacer frente a todo esto? Como mínimo empezar a poner en tensión nuestras prácticas individuales y colectivas. Por eso cuando decimos “construir lo colectivo” nos referimos a poder reaccionar como comunidad. Nosotras trabajamos con la palabra, con lo simbólico, pero no podemos quedarnos en lo abstracto, tenemos que poder actuar en consecuencia, que eso se transforme en un gesto.

Por eso es tan valiosa la existencia de estas colectivas, en teatro decimos que cuando un objeto aparece en escena la modifica por completo, entonces que nosotras existamos como colectiva ya establece una marcación en el campo literario. Que las compañeras sepan que pueden recurrir a este espacio si sufren una situación de violencia o si quieren hacer algún planteo. (Alicia Salinas)

 

  • No solamente son las lecturas y el trabajo interno que viene haciendo la colectiva, sino que también se ha abierto esta experiencia mediante las distintas acciones.

Sí, el ciclo que hicimos desde Sangría llamado “Que no mienta el silencio”  nos  sirvió mucho para escuchar las escrituras de distintas integrantes de la colectiva y de otras autoras que estaban cercanas y no conocíamos. Pero además difundirnos, evitando así que se volviera una actividad dirigida hacia adentro.

El primer eje del ciclo, por ejemplo, tenía que ver con la sororidad con respecto a lo que estaba y está pasando en Chile, por eso en la mayoría de los casos se leían autoras chilenas poco difundidas.

 

  • Son una colectiva en construcción. Las personas que estén interesadas en comunicarse con ustedes o en hacer parte de ustedes, ¿dónde las pueden encontrar?

Tenemos redes sociales y un blog: en Facebook y en Instagram nos pueden ubicar como @sangriapalabra. Por otro lado nuestra página web es sangriapalabra.wordpress.com. Ahí no sólo subimos las acciones que venimos realizando como colectiva sino también textos que recomendamos y que nos ayudan a debatir y a pensar. Estas formas de comunicación nos permiten establecer una red con otras personas y colectivas que están debatiendo en la misma línea con nosotras.

Comentarios

Deja Un Comentario