"EN EL BOSQUE": ENTREVISTA A RAQUEL JADUSZLIWER, POR TERESA ORBEGOSO - La Primera Vértebra
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«EN EL BOSQUE»: ENTREVISTA A RAQUEL JADUSZLIWER, POR TERESA ORBEGOSO

«EN EL BOSQUE»: ENTREVISTA A RAQUEL JADUSZLIWER, POR TERESA ORBEGOSO

Raquel Jaduszliwer (San Fernando, Pcia de Buenos Aires). Es licenciada en psicología, se dedica a la clínica y reside en CABA.

En poesía: Los panes y los peces (Bs. As. 2012, Primer Premio Ed. De Los Cuatro Vientos); La noche con su lámpara (Bs. As. 2014, Primer Premio Fundación Victoria Ocampo); Persistencia de lo imposible (Bs. As. 2015 Premio Edición Ed. Ruinas Circulares); Las razones del tiempo (Bs. As. 2018 Ed. Lisboa); En el bosque (Bs. As. 2018, Ed. Modesto Rimba). Ángel de la enunciación (Bs. As. Ed. Barnacle 2020). Integró diversas antologías. Poemas suyos aparecen en publicaciones virtuales.

En narrativa: La venganza del clan de las banderas de acero (novela; Bs. As. 2018 Ed. Modesto Rimba). Obtuvo la Mención Única del Premio Hydra de ciencia ficción y fantasía, La Habana, 2013. Integró la Antología del cuento fantástico argentino contemporáneo, publicada por el diario Página/12 (Bs As 2005 Ed. La Página).

I. ¿Cómo nace “En el bosque”? Porque todos conocemos el cuento y el juego de “La caperucita roja y el lobo feroz” y en la tapa aparece como imagen y retoma el diálogo con el poemario. Por otro lado, también hay una cita de María Zambrano al inicio de tu libro que pertenece a “Claros del bosque” que dice: el claro del bosque es un centro en el que no se puede entrar… y sigue. Tú dices: Por encima del bosque hay otro bosque, en su luz espejada una rama se mira desde abajo. Entonces reformulo: ¿de cuál bosque nos estás hablando Raquel? ¿Cómo surgen los primeros poemas de este libro? ¿Cuándo se convierten esos poemas en este libro-bosque que tengo en mis manos y amo?

Comenzaría por uno de los primeros poemas del libro, porque algo de la experiencia del “eso surge” está allí hecha texto:

Envuelta criatura nacida del interior de un bosque

blanca entre los terrones tan pálida en la marcha

así será tu alba

sombra creciente pequeña luz en los peligros del follaje

envuelta criatura qué será de tu huella

qué será de tus pasos avanzando sobre la oscuridad

envoltorio y follaje sombra larga criatura

a tu camino van a dar nuestros caminos incansables

nuestros buenos deseos todas nuestras plegarias

allá vamos antiguos peregrinos

una cuerda nos ata a la esperanza

salimos a buscarte criatura perdida

perdido talismán piedra preciosa

reflejo del tesoro ausente

pozo en el medio del gran claro del bosque.

El libro salió de un tirón, creo que los poemas fueron apareciendo como un efecto colateral de la publicación de mi poemario anterior, Las razones del tiempo. Entre uno y otro hay poco más de medio año (diciembre 2017/ julio 2018), como si algo hubiera quedado en el fondo del tintero, lo más denso de la tinta, eso que no fluye, eso que para que salga hay que poner boca abajo y golpear desde la base. Así salió este poemario, todo junto, como si se hubiera volcado allí esa tinta más densa, cristalizada, que hace que cada palabra llegue a su límite de fijeza, como si cada palabra fuera una letra puesta en relación a las otras letras que son las otras palabras, y lo mismo valdría para la relación de los poemas entre sí. El bosque funciona como un condensador de sentidos, como un conglomerado de metáforas, y en capas más profundas, como un polo magnético, como un imán de huellas, de marcas existenciales. Cada término adquiere una densidad tal que deja de ser una palabra portadora de sentido y pasa a ser una letra de un alfabeto de la que ya no se puede decir nada, sólo combinar con otras letras y dejar por escrito. Por otra parte, no está demás comentar que el poemario fue presentado junto a una nouvelle que había terminado para esa misma época: “La venganza del clan de las banderas de acero”. Presentados juntos no sólo por haber salido de la misma editorial, sino porque desde géneros diferentes, en ambos campea lo maravilloso. La novela está dedicada “A mis padres de infancia que me contaron cuentos” y también en el poemario están presentes los padres de infancia. Porque más allá de los cuentos y de los mitos por detrás de los cuentos, también está la historia que me precedió, la de mis antecesores. El núcleo duro de mi historia está allí, en los bosques de la Europa central. Central y trágica.

II.Dolores Etchecopar en el bello prólogo que escribió para tu libro se hace esta pregunta: ¿de qué luz habla este libro? Yo traigo la pregunta para que respondas más allá de lo que el prólogo dice. ¿Por qué hablar de esa luz que nos enceguece en tu libro-bosque Raquel?

No es una luz que ilumina la que podríamos imaginar si nos situamos allí. La luz del poemario es otra, referencias a ella vuelven una y otra vez a lo largo del texto:

un día llegarás a término

no estarás preparada y saldrás a otra luz

que no tendrá piedad.

O también:

oh, sí, resulta que era eso

cómo brilla la lisa superficie

y es cierto

es el triunfo de la luz lo que enceguece

lo que fulmina todo, lo que reduce a nada.

Desde lo sensorial, para quien está sumergido en la sombra la luz aparece como un súbito enceguecimiento. Es lo que ocurre con la luz que se supone más allá del linde. Por otra parte, la luz del claro es la luz del recorte, la que despoja de lo tupido que había, la que revela una falta. Aparece como una perforación de lo real, esa es su lógica, su operatoria. En ese sentido también enceguece, porque priva de seguir viendo lo que allí había, de súbito se hace un blanco.

III. En el primer poema sin título piensas que de haber dios, éste elegiría al bosque como su catedral. Y terminas el poema diciendo: un pájaro asustado elegiría para dar testimonio. Vas de algo inconmensurable a algo tan pequeño y frágil como ese pájaro asustado. ¿Somos nosotros, los seres humanos, ese pájaro ante Dios y su bosque-catedral?

Pienso que de haber dios

elegiría el bosque como su catedral

el bosque, y en la noche

su volumen sellado, el gran follaje

el peso de los animales

un pájaro asustado elegiría

para dar testimonio.

Si parto de algunas de mis vivencias podría decir que somos ese pájaro. Pero sería demasiada generalización, tanta que no tendría substancia alguna. Pero esta pregunta lleva a otra: más de una vez me dijeron: ¿pero por qué un pájaro asustado? Y pienso una respuesta tentativa: el dios de mi poema elige el bosque como su catedral. Pero entonces, ¿qué se hizo de la idea de dios como principio ordenador del caos, del caos boscoso, siendo que de todas las catedrales posibles de erigir, este dios eleva a catedral al caos mismo? hay una paradoja allí. Se trata de un dios paradojal, quizás eso es lo que nos asusta. Quizás por eso el que da testimonio es un pájaro asustado. Claro que el pájaro, con susto y todo, tiene la posibilidad de volar por encima y tener una mirada tendida a lo abierto. Esa es la chance que ofrece este poema.

IV. ¿Quién se llevó la parte del león de lo que fue el tiempo de los personajes de tu libro, de toda esa familia? Me refiero a esa madre, a esa hija, a ese padre, a ese hijo de los que hablas en “El bosque”.

La parte del león se la lleva el tiempo. Es una condición de la existencia. Y cada quién escenifica ese despojo con las pérdidas que se le cruzan por el camino. El poema al que te referís en la cita tiene que ver con eso:

pero verás

sucede que desde que te llevaste la parte del león de lo que fue mi tiempo

sucede que estoy sola aunque ya no lo sepas

y eso me vuelve única en el conglomerado de lo desconocido

y ahora que he llegado a ser la extraordinaria

el único ejemplar sobreviviente de lejanas catástrofes

azorada persisto

el día se prolonga entre palabras que se irán olvidando.

La referencia a una muerte reciente y cercanísima trae al poemario el eco de otras muertes, las de mis antecesores:

Una familia entera huyendo por los bosques

llevando el apellido guardado en un pañuelo

oh talismán de letras y de plomo

cómo rueda la suerte en el tropiezo

campo traviesa, púa, dentellada

ojos abiertos en la tierra

fosa común, palada.

Y también:

Levanto mis manos junto a los otros

en la fila para rendirme

Fernando Moledo: Teoremas. Ed. Alción, 2017

Mi hijo se había visto en medio de la noche

caminaba con las manos en alto, en fila entre los vencidos

mi hijo me decía:

madre ¿me ves? sigo caminando en la noche más tupida del bosque

voy tras los pasos de tus seres perdidos

directo al corazón de las casas quemándose

entonces yo gritaba

no sigas, no, no sigas

pero mi voz era un graznido

¿qué más podría haber hecho?

yo era un cuervo letal sobrevolando

buscando el aura de las generaciones anteriores

el eslabón perdido

la luz que se diezmó.

Éste es mi bosque, el de mis orígenes. Durante la guerra toda la familia de mi padre había intentado unirse a los partisanos atravesando el bosque para escapar del nazismo, pero fueron interceptados en el camino. A todos los mataron; mi padre no corrió esa suerte porque se vino a Argentina poco tiempo antes, con veinte años. Fue el único sobreviviente de todo un clan, y un huérfano.

V. ¿Eres el único ejemplar sobreviviente de lejanas catástrofes? Azorada persisto. El día se prolonga entre palabras que se irán olvidando. ¿Qué palabras has olvidado o tuviste que olvidar u olvidaste para escribir este libro?

Quizás todas las que quedaron afuera del libro. Pero si lo repienso ahora, podría agregar que de alguna manera, para poder escribir hay que abrirse paso en la espesura de las voces -que son la porción vibrátil de la palabra-, y dejarlas atrás, “olvidarlas” para que unas letras queden estampadas: dejar atrás para dejar escrito. Y dejar escrito para recuperar así las voces olvidadas.

VI. En un momento madre e hija se pierden en este bosque inconmensurable, en ese bosque absoluto de la madre y la hija. A quiénes representan esa madre y esa hija en tu historia ya que cuando escribimos tomamos referencias de muchos lugares. Háblanos más de ellas.

Sí, quién sabe aluden a mi madre, a quien conocí huérfana de madre. También a mí, como hija huérfana (mi mamá murió siendo yo chica); también a mí como madre, sin saber todavía cómo serlo, y a mi hija, en lo que de ella se me pierde porque es ella misma y no yo… y también, en otro orden de cosas, puede estar allí alojado un rasgo mío, muy mío, el de una incorregible desorientación espacial. Quizás los poemas dicen algo de todo eso…

Madre e hija éramos, ambas incipientes

teníamos que perdernos en el bosque

esa fue nuestra marca, nuestra huella en común

por entonces

el destino era un trazo pospuesto

un horizonte por delante de todo lo que estaba a la vista

y el incierto peligro

los pájaros, los insectos, el crujido y el ala

todo el conjunto era un tránsito hacia alguna otra cosa que no se

daba a ver

así transcurrió nuestro momento perdidas en el bosque

el absoluto bosque de la madre y la hija, de variadas especies

ese fue nuestro tránsito, el pasaje

el paso aventurado a lo que vendría después.

VII. Al final del libro le preguntas a la parábola de aire, de tierra, de fuego si podría llevarse algo de todo el recorrido. ¿La existencia es entrar en el bosque y al final volver a él?

Parábola de aire, de agua, tierra, fuego

¿podrás llevarte algo de todo el recorrido?

o acaso como sucede con las piedras

así sucederá:

una vez terminada tu maciza existencia

hundirá su entidad en la memoria de los otros

Bueno, podríamos decir que la existencia es abrirse paso en el bosque que nos precedió. Todo el tiempo se trata de eso. El bosque estaba de antes. Nos pre-existió. Del final no sabemos nada, y de ese no saber también algo se dice en el poemario:

Ya ves, cuantiosa está la noche

terciopelo tendido para su pedrería

¿encontraste el tesoro?

¿has visto cómo brilla al fondo del abismo?

y entonces nos decimos

cuidado, porque tenemos miedo

cuidado el remolino

cuidado con el pozo por arriba de nuestras cabezas

no te asomes, no te tiente el destello de la fosa en lo alto

ten cuidado

que la noche es de luto

y vasto y enjoyado es el lugar de la pérdida.

Pero el bosque persiste, y allá nos estamos, persistimos también nosotros:

Los árboles altísimos

cargan frutos extraños

un lobo quieto acecha

su pelambre reluce demasiado

la ficción se exacerba

soñamos desde abajo

dormimos sin descanso sobre la tierra viva.

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