ALEX AILLÓN: UN BUEN MORIR - La Primera Vértebra
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ALEX AILLÓN: UN BUEN MORIR

   Un buen morir apela a la experiencia personal de la pareja de actores para aportar reflexiones y jugar con los sentimientos del público desde el descubrimiento de lo íntimo y la fuerza de la poesía. La pieza teatral es también poesía visual en perlas que se combinan en un rosario de metáforas e imágenes incrustadas en el texto dramático. Quizá el verso más irónico de todos sea “Puedo medir mi vida en tazas de café” que alude al valor de lo cotidiano y a que la vida se construye en lo diminuto.

Crítica de «Un buen morir», de la compañía boliviana Teatro en los Andes

Francisco Masa

«Diario Bahía de Cadiz»

EL ENAMORAMIENTO

E – ¿Hace frio, no? … Parece que va a llover…

A – ¿Llover?, no creo, estamos en julio. (el cielo está despejado, no hay una sola nube…)

(llueve)

A – ¿Y eso?

E – Es que soy escenógrafo… bueno, también soy actor, pero me gusta más ser escenógrafo. (hace aparecer un paraguas)

No sé contar buenos chistes. Tampoco tengo historias de viajes y aventuras. Mi vida ha sido de lo más simple. Es posible que otros te hablen acerca de profundas teorías y libros maravillosos y otros quizás puedan cantarte y hacerte reír hasta llorar. Yo no puedo hacer nada de eso. Yo solo me siento y te observo. Podrás decir que soy muy aburrido, pero hago algo que otros no pueden hacer. Mientras te miro puedo tocarte el alma. Así es como me divierto con mi propia ausencia.

(Apagón, ladridos, vuelven al final de la escena anterior))

LOS MUERTOS

E: Los muertos nos reclaman del otro lado del camino.

A: ¿Los muertos?

E: Sí, los muertos, acaban de bajar de un bus,

A: ¿Los muertos viajan en bus?

E: Están un poco desconcertados, no saben quién los invitó, pero vienen atraídos por el aroma del café y los colores de la madrugada… ¿No son hermosos los colores pálidos, llenos de nostalgia, de la madrugada? Hay algo que les recuerda a la vida, recuerdan cuando caminaban del otro lado del camino. Ellos también quieren una taza de café. Está el Dr. Jorge. ¿Lo recuerdas? El Dr. Jorge, la abuela Honorata con su tortuga bajo el brazo y Adelita…

A: ¿Está también Adelita?, no lo puedo creer… ¿Qué quiere?

E: Quiere una taza de café.

A: ¿Está entera?

E: Sí, está con su pollera celeste, sus trenzas negras, su media sonrisa y salta bailando villancicos, pide una taza de café…

Ves Amparo, al otro lado del camino, hay una luz, es un lugar vacío e inmenso.

(vuelven a la juventud, bailan, vuelven a ser viejos)

E: ¿He estado aquí antes? Tal vez en un sueño. Dos viejos bailaban en la mitad de este salón. En seguida dos más, luego eran cientos, miles, millones de viejos bailando. Todos bailaban en otro tiempo. Bailaban en su juventud, bailaban en su niñez, bailaban abrazados de su primer amor. Bailaban en total ausencia. Amparo. Bailaban el baile perdido de la ilusión. Bailaban con sus cuerpos lentos y quebrados. Bailaban con sus cuerpos que supieron amar, que supieron ser amados. Bailaban las horas muertas. Amparo. Bailaban la extraña celebración de la despedida. Ahora lo sé. Esos viejos éramos nosotros Amparo.

LA VEJEZ

A: Cuando eres joven crees que la vejez es una de esas cosas que solo le pasa a otra gente, a los desprevenidos, a los que no miran a los dos lados de la calle antes de cruzar. Pero la vejez no tiene apuro. Si no te suicidaste antes de pasar los 40, entonces la vejez comienza a verte con interés, te tira una cana, te acierta un olvido, te lame un hueso. Al principio la niegas, te la sacudes como a una pulga, pero una madrugada le das la mano, y otra tarde sales con ella a mirar el crepúsculo mientras te abrazan sentimientos como la paciencia, la compasión, la satisfacción de las cosas simples, de las cosas ciertas… (los 2 mueven el molinito de café, luego huelen el café) El café huele a cielo recién molido. La vejez no es buena ni mala, pero te ayuda a hacer las paces con la vida, a preparar el terreno para el eterno, inevitable, comercio con la muerte.

(ella hace el café, sirve una taza, se acerca al hombre)

NOTA BIOGRÁFICA

Alex Aillón Valverde nació en Sucre, Bolivia, en 1969. Ha publicado los siguientes títulos: Para leer al Pato Donald desde la diferencia; Pop y otros escritos; 4000 y Revolución es su nuevo poemario bajo el sello de Editorial S. Aillón Valverde es periodista y comunicador social. Ha vivido y trabajado en Ecuador, Estados Unidos y Bolivia. Gestor cultural, catedrático. Ha sido reconocido con el Premio Nacional de Cultura Eduardo Abaroa el año 2013 y con el Premio Juana Azurduy en Poesía. En la actualidad Alex Aillón Valverde es Editor del suplemento cultural Puño y Letra del periódico Correo del Sur de la Capital de Bolivia.

 

Las fotos pertenecen al Alex Aillón, a Teatro en los Andes y al Festival de Taetro Bertolt Brecht.

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