«EMBARAZADA DURANTE LA PANDEMIA», POR ROSA RODRÍGUEZ REAÑO

   “La vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes” decía John Lennon, y así pasábamos los días escuchando las noticias tan lejanas y ajenas a nosotros sobre el coronavirus y sus efectos en varios países, sin darnos cuenta que se venía una pandemia que pondría a prueba nuestros estilos de vida, nuestros valores y miserias como seres humanos; y pondría a prueba al sistema económico neoliberal, individualista y consumista que conocemos y por el cual transitamos muchas veces. La primera alerta clara la tuvimos el 15 de marzo cuando el Gobierno emitió el Decreto Supremo N°044-2020-PCM que declaraba el Estado de Emergencia Nacional por las graves circunstancias que ponían en peligro la vida de los peruanos a consecuencia del brote del COVID-19, por 15 días y con aislamiento social obligatorio. Posteriormente se extendió por un plazo de 13 días adicionales (D.S N° 051-2020-PCM); y el día de ayer, 09 de abril, el Gobiernos anunció una nueva extensión hasta el 26 de abril (D.S N° 064-2020-PCM).

Ya pasaron 26 días de aislamiento social y las medidas anunciadas por el Gobierno se han hecho cada vez más drásticas, con efectos en diversos sectores y ámbitos de nuestra sociedad, esto nos ha permitido visibilizar con mayor claridad la inequidad, las brechas que aún tenemos por cerrar en nuestro país.

En medio de todo ello, me encuentro acariciando y abrazando mi vientre, con un embarazo de 28 semanas que jamás imaginé transitar de esta manera. Me surgen diversas preguntas mientras veo en el trabajo cómo mis colegas participan del trabajo de campo, y en casa cómo son otros los responsables de salir a realizar las compras; siento que poco puedo hacer o aportar hacia afuera, hacia los demás. Me dicen que pertenezco al grupo de riesgo y me entristece porque siento que me impide poder hacer más. Sin embargo, escucho quiénes son los principales grupos de riesgo y no me encuentro allí de manera explícita; y es que este virus es nuevo, y hay pocos estudios al respecto y lo mejor como dicen todos es quedarse en casa. Algunas noticias de recientes estudios son alentadoras para las embarazadas y los bebés que nacen de madres infectadas con coronavirus. No puedo hacer mucho hacia afuera, pero a lo mejor tengo que hacer algo desde lo más profundo de mis entrañas. Familiares y amigos me preguntan cómo estamos, cómo va la panza y… ahí va moviéndose junto con los cambios y rutinas que afrontamos día a día.

Desde casa cumplo con mi jornada laboral a través del trabajo remoto, aún no nace y ya está trabajando, es mi asistente personal, me avisa cuando tengo que hacer una pausa, cuando tengo que comer algo, o cuando ya es momento de terminar la jornada para dedicarnos a escuchar hermosas canciones, ver algo de tv, seguir leyendo libros sobre el vínculo madre-hija, salir a la ventana a aplaudir o tan solo escuchar desde dentro de casa el aplauso diario de los vecinos a todos aquellos que nos cuidan y se arriesgan para que no nos falte lo indispensable; o simplemente nos echamos a descansar junto a su papá, mi pareja, quien realiza su propia rutina durante el día.

¡Vaya momento para convertirme en madre en una coyuntura de aislamiento social y físico como esta!, sumarle a las emociones propias y complejas de la maternidad otras más referidas a la incertidumbre del futuro para este nuevo ser, a la soledad en este último trimestre, al temor de contagio antes de dar a luz y sus efectos posteriores, y a la angustia de no saber si contaremos con el personal de salud necesario el día del parto. ¿Cómo aplacar este cúmulo de emociones y pensamientos que revolotean en mi cabeza cotidianamente? Algo que aprendí a lo largo de la vida es a tomar conciencia y aceptación de lo que estoy sintiendo para luego ver qué puedo, deseo o necesito hacer al respecto. A veces necesito sentirme activa y entonces realizo alguna actividad física, mental, emocional, espiritual acorde a mi condición; en otras ocasiones necesito descanso, entonces respiro, me relajo, medito o simplemente duermo.

Dicen que los bebés dentro del útero materno sienten las emociones de la madre, vaya responsabilidad que tengo, por un lado, equilibrar la ira contra las injusticias que se evidencian con mayor crudeza en medio de esta coyuntura, la desilusión o decepción ante miles de personas que no son conscientes de la situación que estamos viviendo y realizan acciones temerarias para sí mismas y para sus familias; y por otro, la solidaridad, el orgullo por el coraje y la valentía de otras miles y miles de personas que realizan acciones que devuelven la esperanza, la empatía, el humor, la tranquilidad en que juntos podemos salir adelante. A estos dos escenarios, se le suma la siguiente paradoja: la angustia de no estresarme para que ella no se estrese.

¿Cómo estará procesando ella todo esto?,

Ya habrá tiempo para hablar de ello, y para contarle cuentos que empiecen con un “había una vez…” y que relatan historias de nuevos héroes y villanos, de aquel momento en que la gente tuvo que distanciarse, inclusive aislarse para tener un futuro donde volver a encontrarse. Espero que cuando ella nazca, la primera historia que le cuente sea una donde el amor, la solidaridad, el respeto a la diversidad, la inclusión y la defensa de la alegría, esté venciendo pero que aún queda mucho por hacer y con ella seremos más. Contarle cómo esta pandemia hizo posible que una plaza dedicada a la tortura animal, como es la Plaza de Toros de Acho, se convirtió en la “Casa de Todos” para albergar temporalmente a personas en estado de abandono y vulnerabilidad que vivían hasta ese momento en la calle. Contarle si las personas cambiaron al salir nuevamente de sus hogares, o si olvidaron pronto y fue imprescindible la presencia de los artistas de la palabra (narradores, cuenteros, cuentacuentos) y de otras expresiones que antes habían sido poco valoradas en nuestra cultura y sociedad (teatro, música, pintura, escultura, poesía, y más) para que la memoria colectiva no olvide y esto no se repita o por lo menos sea mejor enfrentado gracias a las historias contadas y transmitidas.

Mientras tanto, los días transcurren… he cambiado en dos o tres ocasiones mi cita para la ecografía que corresponde a mi periodo de gestación, así como mi chequeo prenatal. Afortunadamente no se han presentado complicaciones: “¡qué bien se comporta esta niña!” dicen por ahí, y bueno ahí voy también yo poniendo el cuerpo en el cuidado, en su cuidado, en mi cuidado, en el de ambas. Mi doctora, responde mis dudas y consultas, y me tranquiliza cada vez que la llamo, está pendiente de todas sus gestantes me dice y eso es lo que nos transmite su orientación y acompañamiento.

Me faltan 2 meses de gestación y solo espero que no haya una segunda ola que supere todos los cuidados que desde el Estado se han venido implementando, gran parte de la responsabilidad está en nosotros, aquellos que podemos quedarnos en casa, hagámoslo; muchas gracias a aquellos que están afuera manteniendo el orden y mostrando solidaridad al prójimo, no cambien al retornar a sus comisarías y cuarteles. Muchas gracias también a aquellos que están en el sistema de salud y en los programas sociales, sepan que no están solos y que lo que hacen realmente es de héroes, y que todas aquellas frases que aprendimos desde la escuela sobre nuestros héroes, hoy ustedes las hacen carne y tenemos que difundirlas a través de los diversos medios y redes sociales. Muchas gracias a todos aquellos trabajadores y trabajadoras que a pesar del riesgo, ya sea por necesidad o por decisión voluntaria, continúan desarrollando sus actividades para que podamos mantener las condiciones básicas al quedarnos en casa.

Uno de los libros que leo sobre la maternidad, dice que desde el embarazo se va formando la actitud maternal que acogerá al recién nacido. De modo similar, quiero pensar que esta situación está gestando un cambio en la actitud de los seres humanos, dando nacimiento a una nueva era, para la cual tenemos que prepararnos y no permitir que decaigan todas esas reflexiones, nostalgias, recuerdos, expectativas y compromisos que estamos planteándonos cuando podamos caminar nuevamente libres por las calles, restableciendo un contacto físico y social consentido y significativo, que respete nuestras diferencias, sin excluir por ello la solidaridad y la equidad. Espero que este re-nacer social nos encuentre a las dos, cada una desarrollándose de acuerdo a su etapa de vida, con menos planes a futuro, viviendo de manera más consciente el presente, aportando a una convivencia solidaria, armónica y respetuosa.

NOTA BIOGRÁFICA.

Rosa Rodriguez Reaño (Lima-Perú). Licenciada en Psicología Educacional, Magister en Psicología Comunitaria y Docente en la Facultad de Psicología (Pontificia Universidad Católica del Perú-PUCP). Especialista en gerontología y narradora oral.

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