«POSTALES DISPERSAS», POR LILIANA VELANDIA CALDERÓN

FOTO DE PORTADA: SEBASTIÁN CELLI

PRIMERA POSTAL: BUENOS AIRES

A mi esposo y a mí nos está costando dormir, más a mí que a él porque soy nueva en esto de desvelarme. Anoche, como otras, nos dieron las dos de la madrugada e intenté distraer el insomnio con el tema: ‘Personas con las que estamos agradecidos’. Yo pensé en mi amigo Alberto1, un químico que hace poco migró a Australia. Él me regaló el aprendizaje de no tenerle miedo a mis deseos. Un amigo homosexual te enseña muy bien que el placer genera el movimiento, no el miedo. El miedo paraliza o te hace mezquino. Enseguida hice la pregunta retórica ¿cómo estará? Así que le hicimos una videollamada para sacarnos las dudas y agradecerle a viva voz haberme ‘curtido’, darme las llaves para abrir mi propio mundo.

SEGUNDA POSTAL: SYDNEY

Alberto nos contó lo organizada que es la sociedad australiana, que allí tienen miedo al Covid19 -como todos lo hemos tenido-, pero que se organizan para ayudarse y que todos puedan cumplir la cuarentena. Que el gobierno hace lo que tiene que hacer: decreta un funcionamiento que cause el menor daño posible a las vidas humanas y al sistema de salud. La queja no se hizo esperar: “Parce, los latinoamericanos son los que hacen desorden: piden ayudas que no necesitan, compran mercado en los puestos solidarios cuando uno sabe que tienen cómo pagar lo que cuesta”. Le cambié de tema para no hablar de lo que nos hace mal. Me contó que ahora en su departamento, levantándose al medio día, está aprendiendo más inglés australiano, pues la televisión le ganó a las horas en el instituto de idiomas.

Mi esposo se empezó a quedar dormido y le avisé a mi amigo para que siguiéramos conversando otro día. Me alegró saber que allí han congelado el pago de alquileres y que tiene ahorros para comprar alimentos. En todo caso, Alberto sabe de antemano que si el gobierno australiano no le da ayudas directas es porque tiene visa de estudio, y “el gobierno se encarga de dar visas sólo si demuestras cómo mantenerte durante la estadía” y la duración del curso. Nos despedimos, yo di varias vueltas en la cama hasta encontrar el sueño.

TERCERA POSTAL: BUCARAMANGA

Sofía vive en Villa Mercedes. Una invasión a un terreno baldío al norte de Bucaramanga –capital del departamento- que poco a poco y a lo largo de 40 años se ha convertido en barrio popular. Desde siempre el transporte ha sido escaso, la seguridad no existe y cada familia sobrevive como puede. Muchos de sus vecinos son migrantes venezolanos, otros tantos desplazados por la violencia o gente como su suegra y su pareja que migraron del campo hacia Bucaramanga. Esa meseta que parece una mano de muchos dedos, rodeada por una cadena montañosa hija de los Andes orientales, tiene un dedo frágil que siempre se ha querido extirpar porque son los bumangueses ñeros, los marginales del norte, los vagos, los marihuaneros.

La entrada al barrio es una ascendente huella de pavimento mezclada con barro y piedras. Las casas como muchas de los barrios pobres que nacen como invasión: de madera, plástico y zinc, otras de material (cemento y ladrillos) y otras mixtas. Si hablaran portugués le dirían favela. Son pocas las casas que no tienen niños y en la mayoría viven aproximadamente cinco personas. Pero no todos son dueños de ese pedacito de techo, algunos arriendan y los dueños viven en los mejores barrios del Norte como el Kennedy. “Hay luz eléctrica con contador por casa y el agua es de contador comunal, se paga por sectores. Lo que más ha costado conseguir es el gas, aún toca comprar pipeta. Nosotros vivimos en el sector 6 del barrio Villa Mercedes, y sólo este sector tiene 44 casas” sostenidas en una falda. Cuando llegaron los primeros ‘invasores’ en ese entonces la Finca se llamaba Las Mercedes, y estos fueron multiplicándose a pesar de los desalojos que la policía ejecutaba.2 Los barrios populares no sólo demuestran la crisis habitacional que vive Colombia y muchos países del mundo sino que también evidencian la falta de políticas de urbanización y sociales, pues sumada a la pobreza se añaden problemas no resueltos como el microtráfico y consumo de drogas, y la delincuencia.

Me había contado que un pollo andaba por ahí suelto, y en tono jocoso me anunciaba que no iba a durar mucho si seguía por ahí en la calle. Luego entendí el contexto. “La semana pasada quisieron meterse ladrones a las casas de arriba, donde está la cancha y venden drogas. Intentaron robar en la casa de la tía de mi pareja, pero no pudieron. Hoy escuché que a una casa de este sector también. Hay que estar pendientes porque como no pueden salir a hacer maldades al centro vienen a robar a los vecinos de otros barrios”.

El domingo 5 de abril a las siete de la noche hubo un cacerolazo, el primero en toda la vida de muchas familias del Norte de Bucaramanga. “Con toda esta situación ya no hay buses que nos saquen de acá, no permiten que las motos lleven parrillero (acompañante) y aunque el ambiente está tranquilo la gente empieza a tener miedo, no al virus sino al hambre”. Algunos viven de ventas ambulantes. Por ejemplo doña María vende raspados (granizados) a la entrada de las escuelas de los barrios vecinos, porque Villa Mercedes no tiene escuela, ni puesto de salud, ni droguería (farmacia). “Sólo he visto una guardería de las del Bienestar Familiar”, que obviamente está cerrada en estos momentos. Una casa de familia que opera como preescolar y da alimentos para los más pequeños.

Ella a veces está bien, otras aburrida y en otras muy ansiosa. Variaciones que se pueden presentar por día o en un mismo día vivir aquella caravana emocional. Todos en mayor o menor medida estamos probando nuestra resiliencia, le digo.

A Sofía no le falta comida, no obstante ya no tienen un peso encima y me cuenta que tampoco aparecen en los listados del Sisben IV, ni en el listado de 3 millones de beneficiados por el Ingreso solidario, ni en Familias en acción, ni en los de Devolución del iva para los más vulnerables. “Mi pareja tuvo que cerrar el taller de mecánica que hace poco abrió con ayuda de un amigo y yo no pude seguir dando clases particulares de natación. Mi grado como profesional en Cultura física quedó aplazado de forma indefinida y sólo consigo calmarme escuchando música.” Así que empiezo a descargar los covers de The piano guys para mandarle, no tienen Internet en su casa. Con recargas ocasionales que le hacen sus padres se comunica por Whatsapp. “Ni siquiera pude inscribirme en la página que la Alcaldía de Bucaramanga habilitó para solicitar la ayuda económica a trabajadores informales, sin internet se complica más este aislamiento. Mis colegas sólo piensan en ellos, regalan sus clases de funcional o de rumba. Y me alegro por los que están bien ubicados y sus empleadores les pagan para que hagan las transmisiones.” Me dice esto y hago cuentas a ‘vuelo de pájaro’: 34 millones de ricos (porque tienen más de 55 millones de patrimonio) aunque sólo 40 mil lo sean de verdad (con más de un millón de dólares)3, más 5 millones de migrantes, más 3 millones de pobres en máxima vulnerabilidad suman 42 millones de colombianos. Pero el censo dice que somos 50 millones. Es decir, que hay unos 8 millones de colombianxs trabajadores independientes o con contratos precarios, en una clase “media”, que quizás no verán ninguna ayuda por parte del Estado.

¿Qué hacer con el tiempo en un barrio popular? “Ni pensar en hacer algo con los niños del barrio. Son muchísimos, y si hago algo con unos van a querer venir todos, o también pienso que sus padres querrán entregarme a mí una responsabilidad que no quiero asumir.” A propósito, me cuenta que como no tiene manera de salir del barrio, porque no ha podido pagar el seguro y los impuestos de su moto, tuvo que cancelar el turno médico para pedir la receta de los anticonceptivos. “Sentí rabia e impotencia por no poder salir a algo tan básico”. Afortunadamente, su mamá le mandó desde Girón una caja que compró en la farmacia más cercana, con un mensajero que tiene permiso de circulación. ¿Sus vecinxs cómo previenen embarazos? ¿Piensa algún funcionarix del gobierno local o nacional en el deseo o el placer de lxs colombianxs? Creo que a nadie le importa muchas cosas que pasan en ese lado de la ciudad. Quizás ni ellxs piensan en su salud reproductiva, quizás el placer se quedó anestesiado por estos días.

Estamos esperando que los contactos de la Presidenta de la acción comunal sirvan para algo, para que entreguen mercados. La semana pasada entregaron sólo 20”. Así que esa ayuda fue una gota en el desierto, más ahora que el aislamiento obligatorio se ha extendido hasta el 27 de abril y la cantidad de testeos a sospechosos de Covid19 siguen siendo muy bajos. “Vamos a esperar hasta el último día del aislamiento obligatorio para ver qué medidas toma el gobierno, lo que sí tengo seguro es que ahora más que nunca dependemos de la solidaridad.” Eso le confirmo, que se quede en casa o que vaya en taxi al lugar en donde se sienta más segura. Pero que no permitan que el gobierno colombiano maneje la situación como lo hizo en época de la gripe “española”, pues los más precarizados no superarán ni al Covid19 ni al aislamiento con hambre. Aquí dejo un artículo para entender lo que sucedió en 1918.

CUARTA POSTAL: MADRID

Para la última postal le pregunto a mi esposo por su amiga Vanesa, quien teniendo la ciudadanía italiana hace ocho meses migró a España con su pareja, Sebastián. “Acá en Madrid todo esto empezó hace un mes. Yo venía siguiendo el tema porque mi hermano vive en el norte de Italia. En un primer momento, mi única preocupación con respecto al cv19 pasaba por la situación de mi hermano. A la semana de aquello, empezaron los casos en España.” Aunque ella no le daba importancia, incluso creyó que los medios de comunicación eran alarmistas y exagerados. Las cifras aumentaron de forma exponencial entre un día y otro, y se sumó información que le cambió la perspectiva un “compañero de estudios aquí en Madrid, nos alertó sobre la situación en los hospitales, que le había transmitido una amiga suya enfermera”. Como si la realidad hubiera saltado por encima de los informes oficiales, los médicos y el personal de salud suplicaban a los ciudadanos quedarse en sus casas.

Recuerda que el último día que salieron con su pareja fue el 8 de marzo, y como ya estaban haciendo campañas de higienización y de precaución sintió mucho miedo cuando de golpe se encontraron con la desconcentración del 8M. Se cuestionó si el miedo era paranoia y no tardaron en ver que no eran los únicos que empezaban a verse invadidos por el miedo. “Pasamos por un supermercado a comprar algo para comer, y vimos por primera vez changos más cargados que lo habitual. No terminábamos de entender qué pasaba”. Y la bola de nieve creció a tal punto que en menos de una semana los supermercados estaban saturados, desabastecidos los sectores de frutas, verduras y carnes. “La imagen fue apocalíptica. Era muy difícil que eso no diera miedo”. Sin embargo, el miedo y el egoísmo no pudieron con el stock, los supermercados volvieron a nutrir sus estantes. Y el gobierno alertó que sería inviable la situación si todo el mundo actuaba de esta manera.

Antes de hablar con ella, mi esposo me había adelantado que en el grupo de Whatsapp Vanesa había estado muy activa, se había enterado de que una compañera de trabajo de su amiga venezolana había dado positivo y que a pesar de todo los obligaban a ir a trabajar. Recién cuando hubo un segundo caso los mandaron a trabajar a sus casas. Pero ya habían contagiado a la amiga de Vanesa y esta a su esposo. La siguiente semana aparecerían los síntomas, leves para él y críticos para ella. Mientras las cifras subían cada día, “la gente seguía llenando los bares, y no lo podíamos entender”. Luego, Vanesa buscó apoyo emocional ante la absurda reacción del empleador de su pareja, quien a pesar del decreto de aislamiento social lo obligó a ir a trabajar hasta el día que cerraron el paso de una ciudad a otra.

Sebastián trabajaba como diseñador gráfico en una empresa distribuidora de productos cosméticos capilares. El lunes fue a trabajar, mientras manteníamos la fantasía de que sería para poder organizar el teletrabajo… Lejos de eso, su empleador planteó que la condición de conservar el trabajo era ejercer trabajo presencial. El martes, un compañero de trabajo de Sebastián faltó por estar enfermo. Y ahí el nivel de angustia fue desquiciante. Desde el principio en Madrid se hicieron pocas, muy pocas pruebas de cv19. Si tenías síntomas te decían que te quedes en tu casa. Y no te hacían prueba. Al compañero de Sebastián jamás le hicieron prueba. Faltó más de una semana a trabajar. Y como no se hacían pruebas, jamás sería un caso positivo”. Sebastián nunca le manifestó a su jefe estar en el grupo de riesgo, por ser hipertenso y tener una operación de corazón que le realizaron en la infancia, temía que lo despidieran. Su empleador seguía obligándolo a ir. “Me sentí completamente desamparada, desprotegida, incomprendida. Fue horrible. Hicimos de todo. Movimos cielo y tierra”. Llamaron al teléfono de emergencias por cv19, le dijeron que sí era denunciable. Llamaron a la policía. La policía los derivó a inspección de trabajo. Inspección de trabajo les hizo escribir un mail. Contactaron a un estudio jurídico y, finalmente, Sebastián escribió a la agencia que lo reclutó. “Todo nos llevaban a la misma conclusión: el empleador estaba amparado en los grises de la ley, todo es legal, no se puede hacer nada…”. De tal manera que si el gobierno no protege a los trabajadores y no toma las decisiones que debe para proteger a los más necesitados los daños al sistema de salud y las muertes incrementan vertiginosamente. Vanesa me cuenta que “hace poco más de una semana, se promulgó el decreto que acentuaba el confinamiento, prohibiendo toda actividad que no fuera de primera necesidad, y prohibiendo a su vez los despidos”. Ese domingo parecía que volvería la paz, lo tan deseado aparecería. Y no fue así, luego del mail y del decreto lo despidieron. ¿Qué gana un jefe al ejercer su poder cuando la salud propia, de su familia, de sus empleados y de todo el país depende de sus decisiones? “Se supone que cuando pase todo, lo volverían a tener en cuenta… Veremos qué queda en pie… Al principio la noticia fue un baldazo de agua fría, nuevamente la angustia y el desamparo. Duele ver que los empresarios viven en su ley gris”. Y que no les importa las vidas que por su ambición están exponiendo o sacrificando.

En ese momento y conociendo la situación por comunicación directa con migrantes en todo el mundo entendimos que la pandemia no era un asunto menor, y que la gravedad de las consecuencias del virus se desencadenaba por muchos factores socioeconómicos y sanitarios. “En paralelo tratando de alertar a mis amigos en Buenos Aires también me sentí muy desamparada, porque básicamente me retrucaban con la palabra «paranoia». De tal manera que los primeros 15 días del aislamiento social estuvo luchando contra sus propios pensamientos oscuros, en la soledad de su departamento se fue enterando de otros amigos con los síntomas del Covid19. “Contábamos los días para atrás, para ver si estábamos eximidos de habernos contagiado”. Ahora gradecen poder estar en casa, a salvo, seguros, aunque con incertidumbre por el tema laboral y porque con la disminución de las muertes la gente volvió a relajar el aislamiento. Nos despedimos, pero rescata un aprendizaje: “Haber podido salir de esa angustia extrema me limpió las emociones. No extraño tanto ahora. Sólo pienso en cómo saldremos adelante. Entendí que nadie te puede ayudar, ahora nos tenemos a nosotros, y todos los días nos lo decimos ‘qué bueno que nos tenemos’.”

1 Todos los nombres propios han sido cambiados para proteger la identidad e intimidad de los entrevistados.

2 ROMERO SANDOVAL, F. J. EL BARRIO VILLA MERCEDES UN CASO DE EXPANSIÓN URBANA EN EL NORTE DE LA CIUDAD DE BUCARAMANGA 1978-2002. Tomado de: http://tangara.uis.edu.co/biblioweb/tesis/2014/155440.pdf

NOTA BIOGRÁFICA.

Liliana Velandia Calderón nació en julio de 1989 en Bucaramanga, se crió en el barrio Campo Hermoso y dejó su ciudad en el 2015. Se graduó como Magíster en Escritura Creativa (2017) y de Licenciada en Español y Literatura (2012). Ha sido ponente en congresos de literatura y educación, cuenta con tres publicaciones académicas y varias periodísticas y poéticas en Colombia, Argentina e Italia. Desde el 2010 ha trabajado como docente del lenguaje en diferentes niveles y modalidades de formación. Radicada en Argentina ha participado en el IX Festival Internacional de Poesía Joven-APOA La Juntada (Buenos Aires) y en el II Encuentro de poesía Latinoamericana (San Pedro). En 2018 publicó su primer libro: Arthropoda, con el sello editorial Buenos Aires Poetry. Actualmente coproduce ciclo y proyecto editorial Parranda poética, que busca y divulga la poesía colombiana migrante en Argentina.

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