«LA PANDEMIA GORDA Y LA REVOLUCIÓN DE LAS CUERPAS», POR CAMILA ALBERTAZZO

FOTO PORTADA: FRANCISCO PIZARRO


Quizás de todas las revoluciones que se han sucedido en los últimos 20 años, y que responden al nuevo milenio y su signo de tolerancia, una de las más demorosas es la revolución de los cuerpos. Y no digo que esté mal que otras revoluciones se sucedan antes y mejor, (cómo podría si yo misma milito el corazón con otras causas). Digo que la revolución de las cuerpas disidentes en forma y canon estético ha sido lenta y poco comprendida. Y yo lo entiendo, porque se confunde con recomendaciones de salud y con prototipos casi instintivos de apreciación estética. La gordura muchas veces se hereda, se sostiene desde la infancia, se construye socialmente en la mesa familiar y se relaciona tóxicamente con el acto (tan humano) de comer y peor, de disfrutar la comida. La gordura no es buena, no es la mejor manera de mantenerse, es peligrosa. Y es difícil de manejar. Por eso,  es mal mirada, culpabilizando a la persona por su situación corporal.


Y quiero hacer otra salvedad, no es que solo existan cuerpas disidentes gordas. Las hay trans, y las hay andrógines, las hay flacas, infantiles, narigonas, coloridas, pero yo no voy a hablar de esa disidencia aunque las aplauda porque varias han traspasado valientemente los prejuicios y han salido en masa a las calles a visibilizar. Sin embargo, esas no son mis luchas y no son mis disidencias, elles tienen su voz propia, de hecho la merecen, y desde mi cuerpa gorda y hétero solo me queda admirar, celebrar y acompañar, desde la distancia, su lucha.


Hecha esta salvedad, manifiesto que mi disidencia es la gordura de mi cuerpo extracanónico, es la talla grande que desde niña me azotó el autoestima y me recluyó en el negro como si fuera un único color. Mi disidencia es la mirada desaprobatoria de la familia paterna del novio cuando les dice que ama a la gorda, de 20 años, que más encima es feminista, que más encima no quiere hijos, que más encima no se quiere casar.


La gorda a la que hay que parar, hay que decirle que no siga comiendo en pleno almuerzo familiar, para que no siga engordando y no quede como la tía Juanita que mira lo gorda que quedó.


Mi disidencia es el grito del volao de la esquina cuando paso en mi salida a correr de la noche y me grita «guatona», con la g, la u y la a desbordando de la boca en ejercicio fonético de vomitar.


Mi disidencia es la explicación innecesaria de todas las dietas, de toda la bulimia y de todos las pastillas que han recorrido mi vida.


Mi disidencia son los programas de TV de h&h que te dicen «no te lo pongas» justo cuando querías ponértelo.


Mi disidencia es lidiar todo el tiempo con una sociedad que cree que diciéndome gorda me hiere.

Y lo peor viene ahora, encerradxs. Porque dentro de nuestras casas, los que podemos, hemos comenzado un proceso de mirarnos al espejo, de ubicar nuestros defectos y varixs han encontrado en la comida el alivio. Un dulce hecho a mano, un queso, una comida típica que te recuerda el calor de tu abuela que ya no está y que aprendiste a cocinar  de pura nostalgia.

Muchxs de ustedes ahora, sienten que no pueden manejarlo.
Y ahí comienza el autoflagelo.


Imágenes, fotos, memes, bromas mitad chiste, mitad en serio, de que no cabremos en la puerta al terminar la pandemia. Y en mi país remata con la burla a mujeres que, valientes, en medio de la pandemia salen a clamar por comida para sus hijos. La respuesta indolente de los otros que si pueden darse el lujo de comer sano: «Gordas hablando de hambre. Qué van a tener hambre las gordas poblacionales».


Y es que junto con la evidente aporofobia de mi país, habla la gordo fobia. La fobia al cuerpo gordo, diferente, abigarrado de injusticias inoculadas en las generaciones pobres alimentadas de salchichas, arroz y fideos. Injusticias que se expresan fenotípicamente en gorduras mal manejadas, mal entendidas, mal informadas. Y que duelen. Duelen porque implican autoestimas desgarradas y una puerta de entrada al feminicidio y la violencia machista. Y es que la pregunta que se hacen lxs gordxs toda la vida es «¿Quién me va a querer así?». Se repite el mantra y se graba en las estrías, se repite cuando llega unx que obvió tu cuerpo herido y te «ama» en tus excesos corpóreos. Y te aferras.
Porque «¿Quién más me va a querer?». Y comienza la cadena de maltrato.

Claro, no siempre es así. Pero es cierto que el amor sano es un bien escaso y más escaso entre quienes sienten que el amor a secas, les es esquivo.

Yo no les voy a dar un discurso bodypositive, ni me interesa que me digan que estoy bonita «así», no quiero que le prometan puteadas a los que me gritan gorda en la calle ni quiero que se conduelan de mí como si fuese una condenada a muerte. Quiero que reflexionen, incomodarlos, que vean otra vez esa otredad invisibilizada. Que piensen en cuánto miedo le tienen a lo diferente, en cómo les afecta ahora verse expuestos a una posibilidad de parecerse a esxs otrxs. Esxs otrxs que existen aún cuando no lxs nombren. Esxs cuerpos como territorio de lucha, de resistencia, de rebeldía que también merecen el beso de buenas noches.


Finalmente, este texto no habría sido posible sin aquellos que me aman y me ayudan a diario a luchar contra los estereotipos. Gracias infinitas, por ayudarme a caminar entre las sombras.  

NOTA BIOGRÁFICA

Camila Albertazzo (La Serena, 1987) profesora de castellano y filosofía, lectora voraz y a veces escribidora. Estudiosa de la literatura desde 2007. Ha publicado un par de cosas y es colaboradora permanente de «La primera vértebra».

3 Comments
Primera Adm
calbpi@gmail.com

La Primera Vértebra es una revista y un proyecto editorial que busca promover las nuevas tendencias de la poesía y la cultura producidas por latinomericanas y latinoamericanos en todo el mundo. Priorizando la participación de artistas y proyectos gestados por mujeres.

Comentarios

  • Denisse Avalos
    Posted at 19:41h, 25 mayo Responder

    Hermoso es poder observar la liberación de los cuerpos, el amor de otros hacia uno y lo más bello el surgimiento del amor propio.
    👏❤

  • Medina p (a.vnyel)
    Posted at 06:28h, 26 mayo Responder

    Definitivamente no puedo dejar de admirar la maravillosa persona que es querida profesora, orgullosa digo que fui su alumna y orgullosa mostraré su trabajo a mis cercanos, para mi usted es una diosa 👏🏼🥰

  • Karina
    Posted at 15:25h, 27 mayo Responder

    Inceible, me sentí full identificada

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