«EJERCICIOS CONTRA EL ALZHEIMER» DE VIRGINIA BENAVIDES, POR CAMILA ALBERTAZZO

    Lacan nos propone en su teoría de los espejos que el niño y la niña, cuales narcisos arrojados al lago, aman su imagen proyectada. Desde allí se consignan los bordes de una identidad personal y se difuminan los contornos familiares, para dar paso al límite del reflejo personal. Sin embargo, el imaginario espejístico va mutando a medida que el individuo crece. Un espejo puede mostrarnos del otro aquello que odiamos de nosotros mismos. Nos devuelve una imagen que no es necesariamente la imagen que queremos ver, nos dibuja los contornos de un espacio que no necesariamente recordamos, es entonces la imagen del espejo, el primer rastro de memoria de imagen personal y forjador del yo.

Entonces, escribir sobre la memoria se transforma en un ejercicio no solo necesario para forjar la identidad textual, sino hasta, inherentemente, humano. Como dice E. Jelin “vivimos en una era de coleccionistas” (9) ya que sostenemos la necesidad de generar registros de recuerdos, tanto de lo cotidiano e íntimo, como de lo colectivo y público.

Es lo anterior que nos remite a pensar que el texto de Benavides posee una característica no menos importante: nos arroja la imagen poética desde el reflejo sordo y mudo, desde la borradura.

En el poemario Ejercicios contra el alzheimer, de Virginia Benavides, el hilo conductor remite al lugar de la memoria velada y su entramado de recuperaciones. En estos textos no recordamos sino que fragmentamos, tal como lo hace nuestra memoria, la imagen que nos devuelve un espejo. Para comprender esta postura de recuperación de memoria desde el fragmento y el no lugar, vamos a pensar en el signo como imagen. En el primer poema del texto Benavides indica “El signo que resuena en esta lengua azul” (15). El signo que propone Virginia es insonoro, por tanto, pareciera carente de significante. Sin embargo, esa insonoridad provoca una huella del imaginario de todos modos, dotando al signo de una faceta significante opuesta a la habitual ya que está quebrada por el modelamiento del recuerdo. Benavides plantea esta hipótesis reivindicando el no lugar como espacio de registro de memoria, una especie de borradura lingüística que construye la resemantización de una construcción familiar, social y cultural.

El texto de Virginia, poblado por la idea de una imagen en la negación del significante, también nos acerca hacia la reflexión de la imagen que ese espejo fraccionado nos entrega de nuestros recuerdos, ya que, finalmente, todos recordamos a pedazos y selectivamente los retazos de vida que atesoramos con amor.

El yo poético conversa con la incertidumbre de la laguna en blanco de la madre: “Es que no puedo comprender cómo una voz no te llama cuando apagas todas las luces en casa y te duermes pensando en qué hice hoy y sientes que no has vivido más que ese parpadeo” (19)

En la poética franca de Benavides se evidencia lo que Jelin destaca como una tensión entre recordar y olvidar: “Ambos procesos, el temor al olvido y la presencia del pasado, son simultáneos, aunque en clara tensión entre ellos”. Esto sucede porque el ejercicio de recordar solo se realiza frente al miedo de olvidar o cuando es necesario esgrimir los bordes de una identidad que se construye en contexto de trauma, es más, recordemos que Jelin afirma: “En lo individual, la marca de lo traumático interviene de manera central en lo que el sujeto puede y no puede recordar, silenciar, olvidar o elaborar” (11). Es interesante pensar que en el mismo texto citado anteriormente, versos después, la hablante resalta el don “desocultador” de las manos de la madre, relacionándolas a la vez con la extracción de frutos de la tierra como oficio y también con una especie de empoderamiento de la memoria inmediata versus la memoria a largo plazo: “ Y esos mismos campos son ahora un espejo en el que te peinas cada mañana, contenta de un reflejo que no retienes más que en el añico (…) las chacras que pintan el camino esperando tus manos desocultadoras.” (19). En el fragmento anterior, descubriremos entonces la táctica Lacaniana de Benavides, proponiendo el espejo roto como punto de partida y reivindicando el fragmento como sanación de la memoria emotiva de una relación madre-hija. Los textos que siguen son una sucesión de imágenes en las que ella misma incluso pierde la memoria y con ello normaliza el proceso de pulido de los recuerdos. “¿Qué libro presenté anoche?” se pregunta la hablante en el poema, y divaga sobre su propia pérdida de memoria, resemantizando el olvido para ubicarlo en un espacio de registro.

Y es que el texto de Virginia pende de hilos metafísicos que se extienden en los pedazos recuperados y en los borrones sin recuperar, “mi estrategia vital para arreglar los huecos del techo era colocar un pensamiento amoroso en cada uno y esconderlo, para que nadie lo encuentre” (24) organizando un mosaico que no solo corresponde a un imaginario familiar e íntimo sino que, además, se prosterna a un imaginario general en donde la memoria de un país también se concibe fragmentada: “Mi país es una piedra que hemos pintado limada por un mar calmo, pero áspera, pero dura y certera cuando la arrojamos para no olvidarnos de gritar a través de ella” (26).

Aún cuando el ejercicio de las capacidades de recordar y olvidar es singular (Jelin), la configuración de la hablante se extiende a la memoria de un país, una memoria subjetiva, íntima pero también concreta en su fuerza totalizadora. Un país que puede ser cualquier país de Latinoamérica, que en los recuerdos de la hablante es dibujado a pedazos y con bordes irregulares desde el dolor pero también desde la esperanza “Hermoso y doloroso reto, mi país. Resistencia, claridad, sanación, un lugar donde al fin la cita es con los sueños por cumplir, mi país..” (26). Es así como entendemos que el imaginario que va delineando Benavides en “Ejercicios contra el alzheimer” son ejercicios de reivindicación del olvido como una acción cotidiana, y la recuperación de los fragmentos seleccionados como una manera de reflejar el mosaico de la sociedad en los elementos simplificados.

En la última parte del texto, titulada Des-ciertos, la autora va encadenando esta necesidad de no aferrarse a los recuerdos idos: “abre la mente y cierra el libro de reclamos, susurran los remolinos. Arena cernida en las manos. Abre y cierra. Y despena. O despeña” (38). La acción de despeñar en la hablante nos remite a la idea de soltar, que cruza todo el libro. Relativizar el olvido, ser la ola, ser el viento, despeñar lo aferrable o lo aferrado para poder contemplar imágenes desérticas en su luz de vacío,“un risco donde contemplar la arena en su deslumbre de árida melancolía” (39). En medio de las imágenes desérticas se abalanzan las de agua: “acuíferos ojos redimen sequía en el desierto”(45) dice la hablante “zahorí es mi corazón” (50) como último intento de recuperar lo poco que queda en medio del olvido-nada, de la no-memoria, del reflejo fragmentado que le devuelven los espejos. “Todos los horizontes conducen a los ojos de tu madre” (56) dice la hablante y retomamos el hilo conductor del inicio. La memoria se ha recuperado, pero no narrativamente, sino en forma de cristal y se ha deformado como el grano del desierto. “todos los caminos anuncian un retorno” dice la hablante.

Ejercicios contra el alzheimer funciona como conjuro contra la expectativa del registro intacto del recuerdo, que, como dice Jelin, es signo de nuestra época. Virginia Benavides logra con su pluma dejarnos tranquilos, en paz con nuestros recuerdos, y recordarnos, finalmente, que lo que olvida la memoria lo guarda el corazón.

Bibliografía

Benavides, Virginia. Ejercicios contra el Alzheimer. Andesgraund editores. Chile. 2019.

Barthes, Roland. “La muerte del autor” en El susurro del lenguaje. Barcelona: Paidós, 1987.

Jelin, Elizabeth. Trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores. Barcelona, España. 2001.

NOTA BIOGRÁFICA

Virginia Benavides. (Lima-Perú). Poeta. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Ha publicado los libros Exstrabismo (2003), Sueños de un Bonzo (2013), la plaquette aeiou, Zurcido Invisible (2018) y Sienda (2018). Su último libro lo ha publicado en 2019 con editorial Andesgraund en Chile y es el que ha sido reseñado, Ejercicios contra el Alzheimer.

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