«EL DESLUMBRAMIENTO» DE DOLORES ETCHECOPAR, POR NICOLÁS IGOLNIKOV

Aquí todo sucede alrededor del sollozo de la casa/los días se alzan magros como fisuras/y yo cubro con alimentos deliciosos/la piedra que trajo la muerte”

Dolores Etchecopar

Así como, para el conocido epistemólogo Jean Piaget, toda estructura lógica es reductible a la acción del sujeto en el mundo, toda poética puede ser reductible a la acción poética del sujeto en el mundo. Pero toda acción en el mundo implica la puesta en acto del yo fuera del yo. En este sentido especialmente, “El deslumbramiento” de Dolores Etchecopar nos acerca a las consecuencias del acto poético: la transformación del ser por el poema.

La voz que se construye en lo largo, ancho, profundo y temporal del libro pone en juego, no en un lugar protagónico, pero sí central (del mismo modo en que el calor es el centro de la estrella, aunque el protagonismo siempre es de su luz), el intersticio por el cual se relacionan el ser y el estar, es decir, el sujeto y el entorno que habita

en esta casa
mientras duermo
los muertos cambian todo de lugar

con la fortuna y el logro de la poeta, que es (además de capturar en su inherente fuga la naturaleza caótica y, a la vez, profundamente armónica de la relación entre el quién soy y el dónde estoy) el no caer en la confusión usual, tantas veces debida al desmerecimiento o a la subestimación, de que el aspecto mágico de la naturaleza reside en una construcción del yo. Al contrario: en “El deslumbramiento” lo mágico es una apreciación del yo, es decir, es una acción del sujeto en el entorno:

apago las luces
y el niño se vuelve oscuro con la casa
duermo en el regazo de la tristeza
al son de los residuos que barre el viento

Dicha acción prolonga su subjetividad al punto de extrañar hasta el lugar donde el ser se habita a sí mismo, es decir, su casa.

Por otra parte, el poemario de Dolores, da como lectura posible que la existencia de ese intersticio comunicante, es decir, para que sea posible que entorno y sujeto se involucren y redefinan en función de la presencia del otro, necesariamente debe haber, recíprocamente, una condición de amor:

Así nacidos
yéndonos de nuestras manos
llamándonos
nos ahuecamos de a poco
como el árbol seco
seguimos en pie
por gracia del aire y de unos pájaros
que hoy volvieron a nuestros brazos extendidos

Aquí el amor pareciera ser la evidencia de que el sujeto vive entre los Otros en los cuales se pierde al darse y se encuentra al ser dado.

A modo de cierre a esta aproximación a este excelente poemario, conviene agregar que este intersticio posibilitado por el amor es significado por el poemario mismo:

de pronto unas pocas palabras se arriman
y cavan
con desesperación
cavan
hacia un amor donde morir

Es decir, la búsqueda poética del libro indaga, extrae y expone el intersticio dándole al poema, a la poética y al sujeto lector, ya no el protagonismo, sino la absoluta responsabilidad por la conmoción. Lo que distingue, entonces, a este libro, por sobre todas las cosas, es su mecanismo: el deslumbramiento, que al extasiar el sentido visual con la luz, devuelve hacia el centro (es decir, hacia el poema fundamental) a todo aquello que alcanza.

POEMAS DEL LIBRO

las abejas y yo cerramos filas

vamos por la cuerda floja

de una habitación a otra

revisamos las celdillas secas

hay que decidir rápido

si verter miel o veneno

si matar o agradecer

***

de aquí en más nos dedicamos

a cuidarle la gratitud y el peligro

a una flor muy pequeña

nacida en tierra precaria

ésa que la alegría le va ganando al mar

hasta que el mar vuelva a rugir y a erguirse

queremos velar por esa mínima flor

por la seda de su sigilo y la chispa de su arrebato

nos empeñamos en protegerla de la inclemencia

permanecemos con ella hasta que pase el granizo

nos resguardamos bajo el alero de un llanto ya crecido

un llanto añoso más alto

que el eucalipto más alto del camino

más viejo que el desaire de dios clamando

en el rugido

en la orilla fulminante

con la que el mar embiste

y vuelve para siempre

***

el niño se volvió niño

montado sobre aullidos

atraviesa ráfagas

países asolados

no es amable

con quien le regala en pequeñas dosis

odio amansado y retorcido

el niño se volvió niño

su voz le quedaba lejos

y estaba cansado

ahora un niño es el adversario de la boca del mundo

y en su gesta olvida casi todas las palabras

todas menos las que abrasa el sol

y se van para arriba

rompiendo la sombra del árbol seco

***

adiós decías

antes de empezar

con distintos sonidos

adiós dijiste

y las otras palabras se desvanecían

adiós adiós decías

y entraba en mí tu adiós

como un veneno y una luz

dame otra palabra para vivir te pedí

yo te hablaba rompiendo con los dientes asustados

las sílabas de tu adiós

quería hacer un idioma

con trizas de tu adiós

eso quise y no supe

dentro del adiós

moliendo sus sonidos

no supe vivir con ese nudo en la garganta

que los días desataban y volvían a atar

no fuera que todo el llanto de golpe

me impidiera soñar unas alas

que en el viento de tu adiós

me sostuvieran

***

ella recuerda haber sido exhumada con descuido

y fue de un silencio que hizo la tierra

cuando dejaron de llegar las abejas

ella fue avisada por un cardo

a esta altura en remolinos su alma

se deshace y se rehace

perfora su trino

para salir de sí

perfora la belleza durmiente de su ira

*

ella quiso levar anclas de un entero corazón

y entonar un canto como un niño

desclavado de su cruz

pero antes las abejas

hallaron muerta a su Reina

las abejas nacidas a destiempo

depusieron su gracia su credo

se dejaron caer en la mácula

de un corazón inacabado

el corazón de quien quería levar sus anclas

de quien iba a cantar el canto fatal de la alegría

ahora ese corazón ahora su blasfemia

tierra adentro el barro impío rompiendo los abrazos

un verbo desconfiado avanza y retrocede

da muerte al canto y confunde a las abejas

madre nuestra madre arcabucera

abeja en peligro tu mortífera electricidad curvada por el amor

será la paga el nuevo sol

 

OTROS LIBROS DE DOLORES ETCHECOPAR PUBLICADOS POR LA EDITORIAL HILOS

NOTA BIOGRÁFICA

Dolores Etchecopar nació en 1956, en Buenos Aires, Argentina. Publicó los siguientes libros de poesía: Su voz en la mía (1982), La tañedora (1984), El atavío (1985), Notas salvajes (1989), Canción del precipicio (1994), El comienzo (2010), El cielo una sola vez (2016), El deslumbramiento (2019) y una antología de su obra: Oscuro alfabeto (2012); su poesía integra numerosas antologías colectivas, como 200 años de poesía argentina (ed. Algaguara), entre otras. A fines de los años noventa formó parte de las creaciones y realizaciones del colectivo de acción poética El pez que habla, en el que se exploraron nuevas modalidades de la oralidad en la lectura de poesía. Desde el año 2010 dirige hilos editora, sello de poesía, en las tapas de cuyos libros aparecen algunos de sus dibujos y pinturas.

 

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