«GUERRA FLORIDA» DE DANIELA CATRILEO, POR CAMILA ALBERTAZZO

La identidad fue un concepto, durante mucho tiempo, estático. Las convenciones sociales o los parámetros culturales definieron los paradigmas de identidad. Con la globalización se reveló, sin embargo, que el concepto en el siglo xx requería una revisión. La identidad pasó a ser más dinámica y pensadores como Habermas ya adelantan la teoría de una identidad social que no sea solo un objeto concreto sino que se concretice al incluir elementos residuales, experienciales y territoriales, “La forma que hemos cobrado merced a nuestra biografía, a la historia de nuestro medio, de nuestro pueblo, no puede separarse en la descripción de nuestra propia identidad” (Habermas, 1989).

En Latinoamérica, en efecto, el problema de la identidad se intensificó cuando los pueblos no coloniales comenzaron a buscar espacios donde expresarse. La identidad se planteó en términos mestizos, homogéneos, mixturados. Fue la teoría pionera de Cornejo Polar la que solidifica la idea de que la identidad en Latinoamérica es el conflicto mismo. La identidad se enuncia desde borde, desde el sujeto borde que migra los territorios simbólicos y geográficos.

El poemario de Catrileo, en este sentido, se ubica en este borde que describe primigeniamente Cornejo Polar. El yo poético de “Guerra Florida” transita, teje redes en este sumario de residuos, de márgenes, eso “champurria” que evoca lo mixturado y siempre cambiante en la identidad del sur. No es casualidad, de hecho, que el libro se titule Guerra Florida, evocando las guerras de la civilización azteca que acordaban entre los diversos pueblos de Mesoamérica y que tenían como fin capturar prisioneros de ambos lados del conflicto, como sacrificio para sus dioses.

Guerra Florida se organiza en cuatro apartados, titulados en orden: revuelta de cuerpos celestes, mantra de ofensiva, apocalipsis song y posguerra. Cada poema está traducido al mapuzungun y esta traducción dota al libro de una dimensión descolonial. El texto, organizado como un canto épico, se maneja en claves descoloniales anunciando una propuesta ligada a las imágenes históricas contemporáneas de ese mundo occidentalizado que se niega a eliminar la experiencia no colonial identitaria y, por supuesto, propia.

Me levanto de madrugada, Una ráfaga tibia cubre la marea” (12) son las primeras imágenes con las que abre el poemario. Con precisa escritura, Catrileo nos sitúa en el escenario natural del que será protagonista la hablante lírica. Agrega al final del poema “ Una sensación de Bruma nos inunda/ beso su frente y arrojo cáscaras al fuego” (12). Los poemas de este apartado transitan al paraíso épico que se pondrá en acción prontamente, el verde que se repite en varios textos es la clave para comprender que el territorio se funde con la piel y el borde. En los poemas de este apartado se presiente el conflicto: “La hermosa noche muerta/ arde/ y tu piel tan de humo/ en este crepitar de árboles” (22) nos dice Catrileo, preparando al lector para un trance iniciático en los versos “Los astros señalaron la matanza” (24) y “ya sabíamos de nosotras, islas desparramadas bajo Dioses (…) Antes del horror estábamos vivas/ todas quisimos ser sol” (26).

Con un estilo narrativo, Catrileo nos sumerge en una guerra que prepara la revancha, “Abrumadas por imágenes/ que se extendían a visiones de la ocupación/ decidimos nadar la tarde hasta corales que resisten/ al huracán del tiempo” (28). El viaje que la hablante lírica emprende a la guerra que se anuncia al comienzo del apartado, se hace noche y se concretiza en el último poema “la noche antes de partir” donde la hablante nos relata su proceso antes de entrar al enfrentamiento. El viaje que inicia desde su yo occidental hacia su yo no colonial, raíz y comienzo, nos indica que en el equipaje se llevará imágenes que atraviesan la territorialidad de la lengua, como en el siguiente verso “estaba dando vueltas, pensando/ intentando no seguir pensando/ cuando unas yonkies/ ojos vampiros envueltos en mezcalina/ me piden unas quemadas/ y entre ellas un silbido dio la señal” (45-46). En los versos anteriores Catrileo nos presenta la imagen de una sibila occidental y pagana que le advierte de los futuros peligros y la protege ritualmente “me prepara una cura/ para mis futuras heridas/ y repite que debo hallar al pájaro/ porque todo el mañana tiene que ver con la infancia” (46)

El segundo apartado se asemeja a una bitácora, en la que la hablante prepara el espíritu. En el viaje se reconoce “seña de la sangre”, una herida abierta que “no se borra” (54). La expansión occidental violentista ha señalado a la hablante como descendiente del conflicto, la violación y la matanza “estamos sucias/ y ellos lo saben” (54). En este apartado se radicaliza la idea de identidad mixturada y en constante conflicto, como en los versos “esta noche/ somos un caleidoscopio/ en medio del pacífico/ intentando volver/ a la luz de sus colores” (56). La escritura de Catrileo es profunda y taxativa porque nos acerca al dolor que sienten las y los sujetos colonializados, descendientes del dolor de un ocupamiento violento, con un origen tachado que se enuncia como una vieja canción profética, nos dice Catrileo “Ya ni sabemos qué es esto/ somos todas extranjeras/ un puñado de mapas viejos/ enmarañados por las olas.// el exilio no es prioridad/ bajo el cúmulo de aguas” (58).

Si bien el dolor es común a los pueblos no coloniales, Catrileo le adiciona otro elemento silenciado en este proceso de ocupación: el rol femenino. Y es que la mujer, en este lado del continente, en este punto cardinal sural, fue objeto de guerra. Aun cuando sabemos que en los pueblos indígenas del continente americano el rol de la mujer fue diverso, la colonización la posicionó de modo fijo en la calidad de objeto e incluso, trofeo de guerra. Es por eso que resultan tan reivindicativos los versos

Algunas amigas lloran

expulsadas y malheridas

por los primeros invasores

que auguraban los planetas

No importa

Sea donde sea que lleguemos

Preparo el filo de mi roca

Y guardo sus rostros

Como carne misma” (60)

Catrileo, entonces, dibuja una hablante habitante de los residuos de un continente en guerra, una habitante descendiente del silencio y la sangre derramada, habitante de un continente errático, que busca la identidad sural en las raíces pero que da como resultado “una saturación de imágenes/ que no conmueven/ a menos que i n-h u m a n as/ hablemos del lenguaje/ hasta rugir” (62). La hablante ubica justo allí el elemento identitario: la lengua, que se confirma en su terreno simbólico en “mis párpados erosionan la lengua” (64). La hablante se reconoce en la lengua pero también se reconoce heredera del occidente “ellos apuntaron a mi rostro/ y en su arma solo vi mi reflejo” (70).

En los apartados Apocalipsis Song y Posguerra, se relata en clave poética el tránsito hacia el reencuentro de la raíz y de la identidad. Apocalipsis Song está plagado de imágenes que nos recuerdan al día después del conflicto, cuando el enfrentamiento ya tuvo lugar y nos paseamos sobre los escombros “Estoy exhausta/ voy de vagabunda por estos páramos” (88) pensando en “ya saben/ cerrar los ojos/ y que todo parezca como antes” (90) .

La escritura de Catrileo eriza la piel cuando nos recuerda ese escombro del que somos herederos, destinatarios obligados después del desastre y la guerra, una derrota que nos tocó directa e indirectamente porque nos determinó en el esbozo de nuestra esencia “estábamos tan cerca de ganar/ pero nunca fuimos heroínas/ Envolví mis brazos en tu cintura/ para tocar mis huesos en tus huesos y decir: / esta danza/ es por nosotras” (92). Y retoma esta idea en los versos “Fecundaron a nuestras hermanas/ nos hicieron sus esclavas/ en el círculo de rocas/ Nos arrancamos borrachas/ bailando con nuestro violador” (152).

Daniela Catrileo, en este texto, mira hacia la historia no contada de Chile y de Latinoamérica, nos habla de como fuimos engañados con la historia oficial, nos provoca en la crítica y nos entrega dolorosas metáforas de lo que construyó el grueso del imaginario occidental de la colonia, ubicándonos además en un borde transitable, en el que podemos como receptores sentirnos parte de esta reescritura histórica de las raíces, lo podemos observar en los versos “Miro el espejo/ miro a las indias/ me abro de piernas./ meto/ flores/cactus/animal/Dios/ El cosmos dentro de mí”. (154)

Finalmente el libro de Daniela Catrileo nos transporta hacia un pasado en conflicto, pero también nos refleja un presente en movimiento, en el cual la hablante lírica es capaz de transitar, habitando los escombros. Con una pluma plena de referencias al mundo no colonial prehispánico, el texto de Catrileo está construido de manera precisa y simple, sin perder profundidad, y describe un proceso, por cierto, personal pero también reflejando la historia colectiva no solo de Chile, sino de un continente. Esta historia sigue orbitando alrededor de una cultura fraccionada, que como un cerámico roto, se rehace desde la fisura.

Guerra florida entonces, se convierte en otro imprescindible de la literatura contemporánea.

Foto portada: Ávaro de la Fuente.

Travestidas

a punta de peyote

algunas Mujeres del Este

se inyectan muday

ante el delirio de ser vencidas

N i ñ a s p u m a

N i ñ a s c i e r v o

                           bailando lo que resta de vida

En este amasijo de tierra

¿qué más se puede hacer?

Nadie quiere aceptar el final

Mañana volveremos a las ofrendas

Y yo diré:

             este es mi cuerpo

             esta es mi sangre

             esta es mi promesa para ustedes

Voy a torcer cuellos enemigos

patear cráneos

honrar la ficción indecible

que no podremos escribir

Antes de ver sus cabezas apiladas en el campo

me iré a reventar yanaconas

Esa será mi última fiesta

Vamos en una balsa sobrepoblada

de la cordillera hacia el mar

siguiendo la ruta del río

escuchamos noticias de la radio

y desde las alturas vemos

                  cómo ya han levantado un muro

que fragmenta en trincheras

nuestra antigua morada

Algunas amigas lloran

expulsadas y malheridas

por los primeros invasores

que auguraban los planetas

No importa

Sea donde sea que lleguemos

preparo el filo de mi roca

y guardo sus rostros

como carne misma

arrastrando mi cuerpo

                          listo para zarpar

y abrir la noche con mis uñas

Voy tajeando vientres

que se revientan en la arena

Recojo algunas semillas

para tostar en las piedras

pero me viene esta tristeza

de no tenerte conmigo

De ti sólo tengo

un tatuaje

dos serpientes que se enroscan

a esta piel mullida

con la sorpresa de una guerra

que desconozco

Como esta aldea vecina

que levanta cruces

en vez de niñas

que tiene trozos de lengua

esparcidas en esta

                         esta

                              mi tierra desolada

Guerra florida- Editorial del Aire, Chile, 2018.

NOTA BIOGRÁFICA

Daniela Catrileo (Santiago, 1987) Escritora y profesora de filosofía. Es parte de [Rangiñtulewfü] Colectivo Mapuche Feminista. Ha publicado el libro colectivo «Niñas con Palillos» (Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2014) ganador del Premio Mustakis y los libros: «Río herido» (Edicola Ediciones, 2016), «Invertebrada» (Luma Foundation, 2017), «Guerra florida» (Del aire, 2018) ganador del Premio Municipal de poesía de Santiago (2019), «Piñen» (Libros del pez espiral, 2019) y la plaquette «El territorio del viaje» (2017). También es editora de la plaquette/antología «Wirintukun ti kalül» (2018) del taller de literatura mapuche del mismo nombre.

DATOS DEL LIBRO:

Guerra florida. Editorial del Aire, Chile, 2018.

Del poemario «Guerra Florida» de Daniela Catrileo

Del Aire Editores 2018.

Actriz: Paula Pailamilla / Actor: Sebastián Calfuqueo / Poema: Daniela Catrileo / Dirección: Gerardo Quezada / Montaje y postproducción: Daniel Cárcamo / Producción: Oscar Mancilla

Música en este vídeo

Canción: Lost Reprise / Artista: Triosk / Álbum: The Headlight Serenade (Special Edition) / Con licencia cedida a YouTube por [Merlin] Redeye / Distribution (en nombre de The Leaf Label)

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La Primera Vértebra es una revista y un proyecto editorial que busca promover las nuevas tendencias de la poesía y la cultura producidas por latinomericanas y latinoamericanos en todo el mundo. Priorizando la participación de artistas y proyectos gestados por mujeres.

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