"CUERVO NEGRO CUERVO BLANCO" DE JOTAELE ANDRADE, POR CLAUDIO ARCHUBI - La Primera Vértebra
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«CUERVO NEGRO CUERVO BLANCO» DE JOTAELE ANDRADE, POR CLAUDIO ARCHUBI

«CUERVO NEGRO CUERVO BLANCO» DE JOTAELE ANDRADE, POR CLAUDIO ARCHUBI

Presentamos un poema del nuevo libro de Jotaele Andrade: Cuervo negro cuervo blanco. Años luz editora (Buenos Aires, 2020). En este libro, a la ya familiar riqueza de imágenes de alta plasticidad y sonoridad herederas de poéticas como la de Olga Orozco, o Leopoldo Castilla en nuestro país, y que podrían encuadrar a este autor en las nuevas tendencias del barroco continental (Javier Bello, Ernesto Carrión, Javier Alvarado, Jairo Rojas y una amplia lista de talentosos poetas jóvenes de Latinoamérica) se le suman elementos mítico-narrativos. Esto otorga un plus semántico al autor mostrando el fruto sorprendente de una búsqueda que no hace concesiones a las poéticas nacionales de turno.

Yatagarasu, el cuervo de tres patas que en la tradición oriental hace de intermediario entre la divinidad y los hombres, a la manera de un dios gnóstico, se transforma en la cosmogonía creada por el poeta y nos muestra sus dos caras: la luz y la oscuridad. Yatagarasu trae al mundo un grano de oro en el pico. Yatagarasu, mensajero del sol, que da vida y destruye, vuela de un poema a otro, mutando, mimetizado con el mundo también en incesante metamorfosis.

¿Es este grano de oro la belleza? ¿El misterio tremendo y fascinante que brilla reflejado en la moneda del poema? ¿Es pura apariencia esa belleza, semejante a “la profundísima vacía nada con un sol al fondo”? ¿Qué ve el poeta cuando ve caer ese grano de oro en la noche? Ve su propia imagen del mundo. Porque “la vida es un grano de oro cayendo en la tiniebla”. Porque cada poema es “un acto de inauguración que duró lo que tardó en caer ese grano de oro que todavía cae”. Ve su propia imagen y nos obliga a escuchar. Porque “aún en la niebla todo es cierto”.

Cuervo con grano de oro

*

La visión

Yo, que soy enfermo y jubiloso

-es decir

que me habita un fuego que clama su ceniza-

vi al cuervo posado sobre el mármol

ondulante

de la niebla

no llamaré prodigio

a aquello que está más allá de ese fenómeno

pues verlo fue aceptar que se aferraba con tres patas

al celaje

y era como una espada negra

que de tan negra

oscurece la tiniebla

apenas

giró

un ojo

-acaso para verme

-acaso para rodearme como a una presa

y juzgar cuándo hendirme el picotazo

y pude ver que su pico guardaba

un grano amarillo

semejaba la profundísima

vacía

nada

con un sol al fondo

como una luciérnaga rota

y todavía humeante

en la hierba confundida

de la noche

*

¿dónde estaba mi casa?

¿dónde el humo azul del día?

yo preguntaba por los sitios donde recrea el hombre

su cotidiano

común

misterio

preguntaba por la mano y no por el puño

preguntaba por la mano y no por el guante

por lo inasible

preguntaba

*

cada vez que movía la cabeza

una línea luminosa brotaba

de aquel grano

y recorría su pico

¿quién soy yo

-atiné a preguntar-

que puede ver esta circunstancia

del modo en que cualquiera ve pasar

un carro con heno

al sapo en su salto paticorto

el vestido ondulante que teje y desteje el agua del río?

después

el trípedo animal

alzó el vuelo

y barrió la niebla

ah sábanas del celaje desnudaron y cubrieron

aquello que era

y no era

mundo

blandos ropajes bajo los que se movía

el tumulto

de aquello que era

y no era

vaporosas lenguas

que hablaba aquello que no es

y no lo sabe

entonces dio su graznido

y dejó caer el grano de oro que llevaba

fue eterna y súbita su caída

*

a veces parecía que flotaba

y se transformaba en una luna pequeña y dorada

a lo lejos

fue cuando la noche se llenó de insectos

cuyas alas vibraban con el violento

ardor de órganos

que buscaban fundirse

luego morían

arrancados

por la lengua incesante del tiempo

*

¿qué vi

cuando vi

caer

ese grano de oro en la noche?

¿vi entonces miles de embarcaciones

a través de la estela que dejaba?

¿vi gruesas cañas de bambú

piedras atadas con lonjas

de cuero

recién arrancado a un animal

los ojos de pescado de la muerte?

*

hombre

dije

o pensé

en la palabra hombre

qué había en esa palabra

qué formaba esa palabra

fue cuando golpeó la luz

y salió el Hombre a escena

*

Teatro de lo humano

¡Damas y Caballeros! he aquí el hombre”

dijo

dando un salto hacia adelante

hacia la luz

agitando un sombrero del que comenzaron

a caer

pequeños homínidos

que gritaban asustados

y cada vez que uno caía

sonaba una fanfarria

y un pequeño haz de luz

lo rodeaba

He aquí al austrolopithecus

Aquí al homo habilis

Oh, este es el homo erectus

Este pobre es el homo neanderthal

y aquí tenemos a la estrella rutilante ¡el homo sapiens!

y cada ser representaba su papel

a la perfección.

Unos descubrían el fuego, la rueda

otros levantaban Tebas

con sus siete puertas

otros la incendiaban

más allá cruzaban flechas por el cielo

breve de la era

otros bailaban en barcas delgadas como flautas

y todo sucedía en la idea redonda de la existencia

y el Hombre relataba las eras con un megáfono

Oh la era de la piedra que culmina en polvo

la era de la madera que culmina en un incendio

la era del hierro que culmina en la carne

la era del oro que culmina en la codicia

la era del átomo que culmina en nada

entonces metió sus manos

en la boca

y fue quitando su ropaje de hombre y apareció el cuervo

majestuoso

que fue devorando

a cada uno tras su acto

*

El feligrés

yo vi al cuervo

y escribí su historia

y su canción

con una de sus plumas

no preguntes dónde se coció la tinta

en que lees estas cosas

ni cuáles sus ingredientes

yo andaba donde vida y muerte

entretejen

sus fronteras

un pie de un lado y del otro

y un pie sonaba a aleteo

y el otro a un fangoso temblor amputado

y ambos daban un paso que bailaba y tropezaba en un solo movimiento

*

La casa del feligrés

hice mi casa con plumas caídas

de su plumaje

y mi casa era negra

y sinuosa como la anguila

mi casa se confundía con la noche

y mis manos

y allá arriba cada tanto el golpe de la luz sobre el ojo

vigilante del cuervo

daba un parpadeo

corroborando acaso

que lo concerniente a la sombra

siguiera

en la sombra

*

comprendo ahora

que mi casa fue un nido

acaso allí se concibió la idea de un huevo

no la experiencia fáctica de lo que es

si no la posibilidad de algo

o acaso apenas hubo un pensamiento vacío

dentro del huevo de la nada

¿digo la experiencia de la disolución

en lo vaciado?

o

apenas

el nido vacío

del misterio

*

Todo era el ojo del cuervo avistando todo

y cuando movió su ojo

una ráfaga

deshizo mi casa

la noción de abajo arriba

de ayer hoy mañana

pues su mirada

atravesaba las capas de la cebolla

del tiempo

en un mismo rechinar

en la misma fluctuación a través

del aire de las eras

y estaba en el zumbido y el destello

en el reflejo del agua

y en el agua

en cada punto del círculo

y fuera del círculo

todo era pupila abierta hacia adentro

y hacia afuera

*

y cuando iba a cantar cayó aquel grano de oro

de su sedoso pico

y estalló la luz

*

Inauguración de la coreografía del todo

como si se diseminara y diera

en el blando

espejo

por donde ocurre la múltiple

coreografía

de lo inerte y lo móvil

de lo que vuela y lo que repta

de lo que atraviesa

veloz

el polvo de las centurias

y el polvo posado sobre los muebles

y fuera hasta desembocar en la gran pupila

donde se mira por primera vez

la materia abisal de la vida

ocurrió

ocurrieron

el pato

el cáñamo

el oleoso interior del ajonjolí

la madriguera

maduraron los higos

carretas y bueyes

fueron borrando las sucesivas huellas

hasta dar con el camino

y charcas y astros y ranas

cantaron al unísono

un acto de inauguración

que duró lo que tardó en caer

ese grano de oro

que

todavía

cae

*

Ordalía

acostumbrándome

como se acostumbra el agua a las formas

que la contienen

di en mí

del modo en que despierta

la carne al dolor

la codicia en la moneda

el vuelo en la pluma

en la rosa agotada del hueso

desperté

¿lama sabactani?

¿quién me ha abandonado?

¿eloi eloi? ¿ecce mater tua?

Sanzuwu

Yatagarasu

Jīnwū

Samjok-o

es huérfana la carne

es triste la carne

un acto simultáneo de nacer y morir

NOTA BIOGRÁFICA

Jotaele Andrade. La Plata. 1974. Poeta. Promueve el Festival Internacional de Literatura y Acampada poética en la ciudad de Azul, por los noviembres de los años. Publicó El salto de los antílopes (2012), El oleaje del mundo (2013), Elefantes con anteojos (selección – edición de bolsillo (2013) y Elefantes con anteojos (2014), Los metales terrestres (2014), La rosa orgiástica (2016), El psicólogo de Dios (2018), Sombra de dos colores (2018) y Cuervo negro cuervo blanco (2020).

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