«CRÓNICA DE NIEBLA», POR ALBA MURÚA (ITUZAINGÓ, BUENOS AIRES, ARGENTINA)

   Hace un mes que no ve a los bisnietos y a la mayoría de los nietos. A una hija, que la llama a diario para darle consejos (como si fuera su madre y no su hija), también hace mucho: dicen que es población de riesgo.

Sabe que hace un mes, porque tiene un calendario colgado de la pared de la cocina (por cierto, a la pared le hace falta pintura, se quedó en proyecto eso de hacer un asado en familia y, de paso, pintar). También tiene una pizarra en la que, cada mañana, anota el día que es. Se acostumbró porque su memoria no volvió a ser la misma después de la pena y de las tres internaciones.

Ella solía memorizar larguísimos poemas, pero ya no. Tiene que hacer un gran esfuerzo para recordar qué comió el día anterior.

Cocina poco, sólo cuando se lo pide el hijo que le hace los mandados. Entonces cocina como antes, cuando Ituzaingó parecía un refugio contra todas las pestes.

Va del dormitorio al living-comedor, de allí al baño o a la cocina, casa pequeña, fondo grande. Antes tenían muchas plantas con flores, pero ya no. No le hacen ilusión y se olvida de regarlas. Demasiada televisión, le dice la hija por teléfono, que camine un poco por el fondo. Y ella lo hace -casi siempre fue obediente- un poco, no demasiado, de paso le habla al viejo perro.

Tiene miedo. No sabe cuándo va a terminar esto. Extraña las charlas con las señoras que la acompañaban. El noticiero espanta. No puede ir a arreglarse la dentadura, así que mastica poco. Ni operarse las cataratas (perdió el turno) por lo que ya no teje ni lee, ni hace crucigramas como antes, se le nubla demasiado la vista.

Nunca pasó una pandemia (ya la palabra asusta). Le dicen que ocurren cada cien años. Y debe ser así, porque ella tiene ochenta y dos y no se acuerda de otra.

Tiene miedo de que el hijo se contagie en la cola del banco, donde está tratando de cobrarle la jubilación. Tiene miedo de que le duela algo y haya que llamar a urgencias: escuchó que tardan cuatro veces más que antes.

A veces se despierta de la siesta y el silencio la aturde. Lo extraña. Las hojas de los tilos y del fresno están empezando a amarillear. Todo sería mejor si él todavía la abrazara.

NOTA BIOGRÁFICA.

Alba Murúa (1959) vive en Morón, zona oeste del Gran Buenos Aires. Ha publicado: Lejos del Paraíso (poemario), Piedra al Cielo, Laferrere (2015) y las plaquetas Albanzas (2010) y Plaqueta arbórea (2018). Tiene, además, varios libros inéditos. Poemas suyos fueron incluidos en Hasta la vida, Bs.As., ECuNHi Ediciones (2016) y Alto Guiso –Poesía matancera contemporánea-, Bs.As., Leviatán (2017), entre otras publicaciones. Escribe habitualmente en su blog y en la revista virtual Devenir111.

Sitio Web: https://albamurua.com/

1 Comments
Primera Adm
calbpi@gmail.com

La Primera Vértebra es una revista y un proyecto editorial que busca promover las nuevas tendencias de la poesía y la cultura producidas por latinomericanas y latinoamericanos en todo el mundo. Priorizando la participación de artistas y proyectos gestados por mujeres.

Deja Un Comentario