«PADRE, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ», POR CAMILA ALBERTAZZO

   Empieza la semana santa, el domingo de ramos y estoy confinada. Me doy vueltas por la pieza con vista a la calle de la ciudad colonial donde vivo. Intento no pensar en el futuro, intento vaciarme en otros pensamientos. Me cuesta recordar, pero cuando lo hago siento que he vivido en primera persona lo que a muchos solo le han contado. Crecí en una pequeña ciudad y en mi infancia fui muy feliz. El año 72 me vine a La Serena a estudiar pedagogía en la universidad de Chile, y al próximo, ocurre lo inexplicable: el golpe militar. Terror, aviones que cruzan el cielo, fuego en los lugares cotidianos, toque de queda. Al principio, igual que ahora, creimos que iba a durar poco. Era un juego apostar por cuanto duraría el gobierno de Pinochet. En mi casa no faltaba nada, no faltaba nadie, pero cuando vi a los soldados entrando a la U y dando minutos para salir de las instalaciones, desaparecer compañeros, llenas de sangre sus camisas y vacíos sus asientos en el casino universitario, todo se volvió triste. Corrimos entonces a refugiarnos donde fuera. La “normalidad” vuelve, igual como vuelve cada cierto tiempo a los pueblos resilientes, sin embargo, yo no era la misma. La depresión, hija del horror, me mantuvo confinada (vaya palabrita) durante seis meses en el psiquiátrico de la universidad de Chile. Una pileta de piedras era mi máxima compañía en la terapia de electroshocks, los que inundaron para siempre mi cabeza de lagunas. Intenté la “normalidad” al salir de allí, pero era imposible, así es que regresaría con mis padres a vivir a Ovalle, con carrera truncada igual que la historia de mi país.

El miedo invadió mi vida, no quería volver al confinamiento mental y busqué trabajos en donde no tuviera que pensar mucho, evitando sobretodo la sobrecarga de la cabeza y del corazón. Entre todo el dolor tuve una hija, de un hombre que se fue definitivamente cuando supo mi diagnóstico médico: cáncer de mama. El año 2000 tuve mi primera mastectomía radical (vendría otra el 2015) y regresó el confinamiento. Me confinaron corporalmente, ya no podía trabajar porque la radioterapia y la quimioterapia de entonces dañaron mi sistema de la columna y lumbar. El confinamiento mental, emocional se hacía ahora físico. Cada vez me cuesta más caminar, me cuesta más atravesar los lagos de la mente, me cuesta más no desbordar en emociones. El confinamiento por el coronavirus llegó a mi vida cuando ya gran parte de mi vida estaba confinada. Y he aquí mi aprendizaje que comparto con ustedes: vivan. Vivan intensamente como yo vivo ahora, a pesar de mis confinamientos amo, puedo amar y puedo sentir todavía, a pesar de las dificultades siempre hay espacios para liberar el alma. En medio de mis múltiples confinamientos aprendí a pintar acuarelas, bordé hermosos cuadros, tejí infinitos cubrecamas de retazos de lana que me regalaban, que mi hija atesora y colecciona, como joyas, cuido a mi hermano con problemas cognitivos, secuelas de una meningitis, llevo aún desde el confinamiento y antes del coronavirus, una casa completa. En esta pandemia no estoy sola, estoy rodeada de amor y familia. Aprendí a hacer budín de pan, converso con mi hija que vino a cuidarme y se ha quedado a mi lado. El confinamiento es duro, a veces siento que vuelvo a esa habitación del psiquiátrico, que vuelvo a perder la noción de los días, que vuelvo a olvidar quien soy, pero mi hija me trae un té y me aterriza. Hoy estoy viva, más viva que nunca, y ustedes también lo están, aprovéchenlo, Carpe Diem.

NOTA BIOGRÁFICA

Camila Albertazzo nació en La serena, Chile, en 1987. Es profesora de Castellano y profesora de Filosofía, estudios realizados en Universidad de La serena; Magíster en literatura latinoamericana por la universidad Alberto Hurtado en Santiago. Realizó una pasantía de tesis en la Université Catholique de Louvain la neuve, en Bélgica, gracias a una Beca Erasmus Plus y otra de Conycit. Su tesis de master fue co-dirigida por la Dra. Lucero de Vivanco y la Dra. Geneviéve Fabry. Ha publicado la tesis: desacralización descolonizante del imaginario religioso occidental en dos libros de poesía autotraducida de roxana miranda rupailaf y odi Gonzales, tesis que ha sido desarrollada dentro del Proyecto de Investigación Fondecyt Regular Nº 1150904, «Post-narrativas de la violencia: representaciones y desplazamientos de la memoria y la ficción en la literatura peruana (2000-2015)», cuya investigadora responsable es la Dra. Lucero de Vivanco. Actualmente edita los contenidos de la revista «Tetarte» en Chile.

 

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